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Camino de Santiago

Colas de horas para acceder a la Catedral de Santiago: “Merece la pena la espera”

De cuatro y cinco horas en algunos de los días de mayor afluencia y de dos los fines de semana. Hay quien reclama un acceso prioritario para quienes llegan caminando, pero la mayoría se resigna.

Hay un último tramo del Camino de Santiago que no aparece en ninguna ruta ni en ninguna credencial: la cola para entrar en la Catedral.

Después de recorrer cientos de kilómetros, llegar a Santiago no significa necesariamente cruzar de inmediato la puerta del templo. En los días de mayor afluencia, la espera puede prolongarse. El pasado 25 de julio, Día de Santiago Apóstol, las colas llegaron a superar las cuatro y cinco horas. Los fines de semana, especialmente a medida que avanza la mañana, pueden superar las dos horas.

La imagen se ha convertido en habitual este verano en el entorno de la Catedral. Peregrinos con sus mochilas y bastones se mezclan con visitantes que llegan a Santiago para conocer el templo. Todos esperan en la misma fila.

Y ahí aparece una de las principales quejas. Algunos peregrinos consideran que, después de haber hecho el Camino, deberían disponer de algún tipo de acceso prioritario. No entienden que tengan que esperar el mismo tiempo que alguien que llega a la ciudad como turista.

Turistas de todas partes del mundo

Pero no es, ni mucho menos, el sentir general entre quienes esperan. “Llevamos desde las siete aquí”, cuenta una peregrina de Cádiz. Otro, de Toledo, explica que ese día incluso se habían levantado más tarde de lo habitual: “Normalmente madrugamos más”. La mayoría tiene claro que madrugar es la mejor manera de intentar evitar las horas de mayor acumulación.

En la cola se escuchan acentos de toda España y de fuera: de Linares, Cádiz, Barcelona, Toledo, Murcia o Vitoria. También de Buenos Aires y Brasil. Distintas procedencias y un mismo objetivo: entrar en la Catedral.

Muchos llegan, además, preparados para esperar. Saben que las colas son largas porque se han informado antes de llegar a Santiago. Y después de varios días caminando, algunos consideran que unas horas más no cambian demasiado el balance del viaje.

“Hemos andado muchos kilómetros”, explica un peregrino francés. Otros lo resumen de una manera todavía más sencilla: después de todo lo recorrido, “la cola se pasa rápido”.

La posibilidad de establecer dos filas, una para turistas y otra para peregrinos, aparece entre las conversaciones de quienes esperan. Pero incluso entre los que defienden esa opción hay quienes reconocen que el acceso al templo es el objetivo final y que, por tanto, merece la pena esperar. “¿No madrugar hoy, que es el día más importante?”, plantea uno de ellos.

Un mismo objetivo: llegar a la Catedral

El templo abre todos los días a las siete. El horario general de visita es de 7:00 a 21:00 horas, aunque durante el verano los sábados el cierre se adelanta a las 20:30 horas por la celebración de la vigilia.

Es uno de los grandes atractivos de la llegada a Santiago y una de las pocas grandes catedrales españolas cuyo acceso al templo sigue siendo gratuito. La basílica es, además, la meta de uno de los principales itinerarios de peregrinación del mundo y recibe durante todo el año a visitantes llegados de prácticamente todos los continentes.

Por eso, aunque las esperas generan malestar en algunos casos, la mayoría de los peregrinos consultados no parece dispuesta a dejar que unas horas de cola empañen el final del viaje.

Han madrugado durante días, han caminado kilómetros y han llegado hasta Santiago con un objetivo muy concreto. Ahora toca esperar. Y para muchos, cruzar finalmente la puerta de la Catedral compensa las horas en la fila.

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