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La cara B de los grupos de WhatsApp del colegio: saturación de los padres y problemas legales

Los expertos aseguran que compartir imágenes de terceros o añadir a alguien a un grupo sin su consentimiento puede acabar teniendo consecuencias civiles e incluso penales.

El teléfono se ha convertido en una extensión más de la vida escolar de muchas familias. Grupos de WhatsApp de padres, avisos del colegio, actividades extraescolares, cambios de última hora... Las notificaciones se suceden durante todo el día y obligan a lo progenitores a permanecer pendientes del móvil prácticamente a todas horas, generando una sensación de alerta constante y preocupación.

"Estoy en la cocina y suena el móvil, me voy al comedor y entonces suena el de mi marido, nos vamos a dormir y siguen sonando", cuenta Sonia. Es el caso de muchos padres que reconocen sentirse saturados por la cantidad de mensajes, en muchos casos innecesarios, y por la necesidad de estar continuamente atentos a lo que ocurre en los grupos. En ocasiones, los padres también manifiestan haber sido añadidos a grupos o conversaciones sin haberlo solicitado. Por otro lado, otros muestran disconformidad ante la difusión de imágenes sin permiso en las que aparecen sus hijos.

Tal y como explican los profesionales, es aquí donde suele haber confusiones y aparece el quid de la cuestión. Carlos Torreño, abogado penalista, explica que hay determinadas prácticas relacionadas con los grupos de Whatsapp que pueden llegar a tener consecuencias tanto en el ámbito civil como penal. Compartir fotografías de personas ajenas sin su consentimiento puede ser para muchos una costumbre. Una imagen enviada inicialmente a un destinatario puede terminar circulando por otros chats y llegar al alcance de personas no deseadas.

Otra situación común, nos cuentan, es añadir a alguien a un grupo de WhatsApp sin preguntar previamente si quería formar parte del mismo. Esta práctica común y aparentemente inofensiva podría incluso generar responsabilidades legales.

El problema, por tanto, no está en utilizar esta aplicación como herramienta de comunicación entre las familias, sino en cómo se utiliza y qué información o imágenes se difunden. Los expertos recuerdan que detrás de una fotografía, un número de teléfono o un mensaje, hay datos personales que no deberían compartirse sin tener en cuenta los derechos de las personas afectadas.

A esta presión diaria se suma la sensación de que hay que estar disponible en todo momento. Muchas personas entrevistadas reconocen que consultan el dispositivo de forma continua por miedo a perderse un aviso importante del colegio. Esta dependencia convierte estos grupos en una vía de información que termina generando fatiga mental. Asimismo, los letrados aseguran que los colegios no pueden establecer un grupo de WhatsApp como canal oficial de comunicación y deben recurrir a los canales institucionales habilitados para ello.