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Así trabaja un negociador de la Guardia Civil: "Con la palabra también se salvan vidas"

Cuando llegan a una escena de crisis, además del chaleco antibalas, llevan encima horas de preparación específica, información y una estrategia basada en la escucha y la palabra.

Tomás García es Comandante y jefe de la Policía Judicial y negociador territorial de la Guardia Civil, uno de los tres niveles de profesionales que se enfrentan a conflictos críticos en España.

Su decisión de formarse como negociador surge de la convicción de que muchas situaciones se pueden resolver sin recurrir a la fuerza. Se formó en Valdemoro, junto a la Unidad Especial de Intervención (UEI).

En Galicia, la Guardia Civil busca contar con al menos tres negociadores por provincia. "Es importante que haya más de uno, porque en situaciones críticas se pueden escapar detalles", asegura García.

En Gondomar, el comandante García se enfrentó a un hombre atrincherado, armado con una escopeta de balines, que había disparado a vecinos. Tras dos llamadas sin respuesta, a la tercera mantuvo "una conversación muy difícil" de 35 minutos. Luego logró un contacto directo durante cerca de tres horas. "La persona solo quería ser escuchada", recuerda. Finalmente, el hombre se entregó voluntariamente junto con el arma y la munición, evitando una entrada forzosa en la vivienda y daños mayores.

El negociador no entra a ciegas: recopila información, analiza antecedentes y evalúa riesgos antes de llegar al lugar. "De camino ya vas preparándote: qué le pasa a la persona, si es violenta, si está atrincherada o si hay riesgo para su propia vida", explica. El contacto inicial puede ser telefónico o cara a cara, según la situación. "Siempre que se puede, es mejor el cara a cara, porque ves las expresiones, palpas la calma y generas empatía".

En Baiona evitó que un hombre se lanzase desde un puente. Al llegar, se encontró con una persona que "ya no quería hablar con nadie". Para captar su atención, utilizó "ganchos" personales, referencias a su pasado y a detalles que había recopilado durante el trayecto. "Primero logré que me escuchara, luego que hablara", relata. Tras una hora y media de diálogo, junto a dos compañeros consiguió rescatarlo y acompañarlo a la comandancia. Después, incluso le ayudaron a gestionar una estafa telemática que había sufrido.

La Guardia Civil organiza la negociación en tres niveles: la UEI actúa en crisis de alto riesgo y rescates de rehenes; la Unidad Central Operativa (UCO) gestiona secuestros con extorsión y demandas complejas, pero son los negociadores territoriales, como Tomás, los primeros en llegar para estabilizar la situación. "Que vaya un negociador no garantiza el éxito, pero sí que se apliquen herramientas para desescalar el conflicto", matiza García.

"La palabra al final puede evitar que la crisis vaya a más", explica. Sus armas son la empatía y la calma. "Ser empático no es dejar que la historia te bloquee; es entender sin perder la capacidad de actuar", explica.

El trabajo exige preparación física y mental. "Si la negociación falla, el negociador vive la escena en primera persona y se la lleva a casa. Es duro", admite. Aun así, la recompensa pesa más. "La satisfacción de haber ayudado a una persona y haber salvado una vida supera cualquier cansancio", concluye.

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