Longevidad
Dos médicos ourensanos han publicado un estudio en la prestigiosa revista científica Nutrients en el que sitúan a la provincia como referente mundial de longevidad.
Los doctores Roberto Fernández Álvarez y Cristina Margusino Framiñán han entrevistado a más de 150 centenarios de la provincia de Ourense para realizar su estudio. Es la provincia que suma un mayor número de personas que alcanzan los cien años en Galicia y en buena parte de Europa. Ahora, camino hacia la centena de sus vecinos, podría valerle a este lugar la entrada en el ranking de las llamadas zonas azules del planeta, territorios caracterizados por una concentración excepcional de personas centenarias. Entre ellos, enclaves como Cerdeña, en Italia; Okinawa, en Japón; o la península de Nicoya, en Costa Rica.
Ourense es ya un referente mundial en envejecimiento saludable y son muchos los factores que influyen. Hay aspectos nutricionales, sociales, psicológicos y también ambientales. En definitiva, ¿puede el modo de vida rural alargar la vida? Puede, aunque no solo. Eso, al menos, es lo que extraemos de este estudio publicado en la revista Nutrients.
“Hay aspectos genéticos que son muy importantes”, explica el doctor Fernández. Y después están los elementos ambientales: “La vida rural puede ayudar. Por un lado, la actividad física constante que supone el trabajo en el campo. Llevar una vida ordenada, normalmente en función de la luz solar”, relata el investigador. “Es mejor tener actividad física diaria que hacer deporte intenso tres veces a la semana”, añade. El campo no perdona: todos los días del año, sin excepción. Garantía de vida activa.
En el plano dietético, los centenarios ourensanos se han alimentado fundamentalmente en base a la llamada Dieta Atlántica del Sur de Europa (SEAD), que se centra en el consumo de productos frescos procedentes de huertas propias, cultivadas por ellos mismos, con muy poca presencia de alimentos procesados y una ingesta moderada de vino, fundamentalmente tinto.
Verduras como los grelos, las navizas o el repollo (de la familia Brassica) formaban parte principal de la dieta, así como las patatas, las hortalizas en general, el pan, la carne de cerdo y, en ocasiones, el pescado. “Era una dieta muchas veces hipocalórica, llegando incluso a ingerir menos calorías de las que se gastaban. No había comida en abundancia”, explica Roberto Fernández.
En el plano social, los investigadores subrayan la importancia de la vida en comunidad, de la familia y de los vecinos, redes de apoyo en todos los aspectos de la vida: emocional, afectivo y económico. También destaca, según esta investigación, la alta resiliencia emocional de esta generación. El 84 % de los entrevistados indicó haber superado las dificultades de la vida con facilidad. Posiblemente debido a otro de los elementos a destacar en el estudio: los centenarios suelen ser personas que han tenido un objetivo vital, una razón para vivir. Así que ya saben, la clásica “razón para levantarse”, tienen también cierta base científica.
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