Cambio de hora
El profesor Jorge Mira, de la Universidade de Santiago, junto a José María Martín Olalla, de la Universidad de Sevilla, cuestionan un estudio de 2025 que vinculaba el cambio de hora estacional con graves riesgos para la salud.
Cambio de hora sí, cambio de hora no. Es un clásico de cada primavera —y otoño—. ¿Nos gusta más el horario de invierno o el de verano? ¿Es necesario? ¿Ayuda realmente a ahorrar? Sea como fuere, lo que parece que no es tan cierto es que provoque problemas de salud. Al menos no con los estudios realizados hasta ahora.
Un grupo de físicos españoles ha cuestionado de forma contundente la supuesta relación entre el cambio de hora estacional y graves problemas de salud, desmontando las conclusiones de un estudio publicado en 2025 que había generado bastante inquietud en la comunidad científica y, sobre todo, en la opinión pública. Un estudio que, aseguran estos investigadores, falla en la metodología aplicada.
El profesor Jorge Mira Pérez, de la Universidade de Santiago de Compostela, y José María Martín Olalla, de la Universidad de Sevilla, han analizado en profundidad este trabajo y concluyen que sus resultados responden a lo que describen como una “ilusión matemática”. Según sostienen estos investigadores, hay errores en la metodología que invalidan las conclusiones que vinculaban el ajuste horario con patologías agudas —como infartos— y también con patologías crónicas —como obesidad—.
La misma revista científica que dio difusión al estudio original, Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), ha publicado ahora una carta firmada por ambos investigadores españoles en la que se exponen estas deficiencias. En ella se argumenta que el análisis previo no permite establecer una relación causal entre el cambio de hora y el deterioro de la salud.
El origen del problema está, explican los físicos, en el uso incorrecto de la base de datos Places del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos. El modelo empleado en la investigación sumaba de forma indiscriminada los ajustes diarios del ritmo circadiano, sin distinguir entre variaciones positivas y negativas.
Para ilustrar este fallo la explicación sería la siguiente: “Es como si al conducir registrásemos los pequeños reajustes del volante a un lado y a otro para computarlos todos en el mismo sentido y reportar un valor grande, en lugar de compensarlos”, resume el profesor de la USC Jorge Mira.
De hecho, el estudio original llegaba a estimar un desajuste acumulado de hasta 20 horas anuales en los ritmos biológicos. Sin embargo, el análisis revisado indica que la realidad es muy distinta: los ajustes diarios son de apenas unos tres minutos y tienden a equilibrarse entre sí, lo que se traduce en un impacto neto prácticamente nulo, incluso teniendo en cuenta el cambio de hora.
Los autores de la revisión subrayan además que no existe una hipótesis previa sólida que justifique el enfoque adoptado por los investigadores de la Universidad de Stanford. A su juicio, el modelo empleado introduce un “ruido” estadístico que no permite extraer conclusiones fiables.
En consecuencia, los físicos descartan que eliminar el cambio de hora tenga un efecto significativo en la reducción de enfermedades cardiovasculares. A su juicio, estas interpretaciones, aunque llaman la atención al ser expuestas de manera resumida, no se sostienen al examinarlas al detalle. Independientemente del malestar que nos genere el tema, que eso, con más o menos evidencia científica, da para otra reflexión profunda.
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