Medicamentos
Farmacéuticos advierten que almacenar mal los fármacos en verano puede hacer que pierdan su efecto, aunque no siempre sea visible. El baño y la cocina, los peores sitios.
Durante una ola de calor como la que atraviesa España estos días, no solo es el cuerpo el que sufre. También lo hacen los medicamentos. Y muchas veces, sin que nos demos cuenta. A veces los dejamos en el baño o la cocina, a menudo olvidados en un cajón, pero estas ubicaciones pueden poner en riesgo su eficacia.
Lo explica en Antena 3 Noticias una experta: "Los medicamentos no deben guardarse en lugares donde las temperaturas fluctúan mucho, como el baño o la cocina, porque pueden perder propiedades y afectar directamente a la salud del paciente".
La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) lo confirma: antes de ser comercializados, los medicamentos pasan por estudios que determinan con precisión las condiciones bajo las que deben almacenarse para mantener intactas su calidad, seguridad y eficacia. Pero estas condiciones no siempre se respetan.
Cuando se pregunta en la calle dónde guarda la gente los medicamentos, las respuestas más comunes son "en el baño" o "en la cocina". Dos errores frecuentes y peligrosos. "Esos son los peores sitios", insiste la experta, "porque hay humedad y cambios de temperatura constantes".
El lugar ideal es un armario interior, fresco, seco y alejado de la luz directa. Según la AEMPS, los medicamentos que requieren refrigeración deben mantenerse entre los 2°C a 8°C y aquellos que pueden conservarse a temperatura ambiente, generalmente por debajo de 25°C o 30°C. Estos medicamentos pueden aguantar puntualmente temperaturas algo más elevadas sin alterarse, pero si se exponen de forma continuada al calor, como sucede en verano, pierden estabilidad.
El problema, señala la farmacéutica, es que "no podemos saber si el medicamento ha perdido sus propiedades con solo mirarlo". No cambia su aspecto, y por tanto, se corre el riesgo de consumir algo ineficaz o incluso dañino.
En cambio, hay algunas formas farmacéuticas que sí muestran señales visibles: cremas que se vuelven líquidas o cambian de color, supositorios que se deforman, jarabes que presentan sedimentos o cápsulas que se pegan o deforman. En estos casos, la recomendación es clara: no usarlos y llevarlos al Punto SIGRE de la farmacia para su eliminación segura.
No todos los medicamentos requieren el mismo cuidado. "Hay analgésicos que pueden llevarse en el bolso sin problema", aclara la experta. Sin embargo, otros, como los que deben conservarse entre 2 y 8 grados (por ejemplo, insulina, vacunas o ciertos colirios), necesitan nevera. "Y no vale la puerta del frigorífico ni el fondo", dice la experta. Deben colocarse en la zona central para evitar la congelación accidental.
Para transportarlos, debe usarse una nevera portátil con acumuladores de frío, pero cuidando que el fármaco no entre en contacto directo con ellos para evitar que se congele.
Además del almacenamiento, el calor también puede amplificar los efectos adversos de algunos medicamentos o aumentar el riesgo de deshidratación, golpes de calor y problemas renales. Especial atención deben tener quienes toman antiinflamatorios, diuréticos, antihistamínicos o medicamentos que afectan a la regulación de la temperatura corporal.
Desde las farmacias, se aconseja consultar con el especialista en caso de duda, especialmente si el paciente es mayor, polimedicado o tiene alguna enfermedad crónica.
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