Reino Unido
El exministro pide un debate "de ideas" y "no de personalidades o faccionalismos mezquinos".
La política en Reino Unido vive un momento de tensión tras la dimisión del ministro de Salud, Wes Streeting, quien ha decidido dar un paso al lado para impulsar un cambio de liderazgo en el Partido Laborista. Su objetivo es abrir el camino para sustituir a Keir Starmer tanto al frente del partido como del Gobierno.
Streeting era considerado uno de los pesos pesados del gabinete de Starmer, pero este jueves ha anunciado su dimisión a través de una carta pública dirigida al primer ministro. En ella affirmaba que "ahora está claro que usted no liderará al Partido Laborista en las próximas elecciones generales".
La dimisión llega en un momento delicado para Starmer, que alcanzó el poder hace menos de dos años con una mayoría histórica y con una promesa, la de dar estabilidad en Reino Unido, después de haber tenido cuatro primeros ministros en cuatro años.
Aunque, el batacazo del partido en las elecciones locales de la semana pasada ha debilitado la posición de Starmer. En su carta, Steeting ha sido claro escribiendo una crítica al liderazgo del primer ministro: "Donde necesitamos visión, tenemos un vacío. Donde necesitamos dirección, tenemos deriva".
Además, cuestionó la gestión de los errores del Gobierno al señalar que "los líderes asumen responsabilidades, pero con demasiada frecuencia eso ha significado que otras personas paguen los platos rotos".
El exministro de Sanidad busca propone que se realice una transición ordenada: "El debate debe ser una batalla de ideas, no de personalidades o faccionalismos mezquinos". E insiste en la necesidad de un proceso amplio que incluya a los mejores candidatos. Una fuente cercana al exministro ha asegurado a 'Reuters' que cuenta con apoyos suficientes para lanzar un desafío formal, pero prefiere evitar una guerra abierta dentro del partido.
Por su parte, Starmer no parece dispuesto a ceder, ya que desde su entorno han señalado a la agencia que se mantendrá firme y que está preparado para afrontar cualquier votación interna.
Mientras tanto, la ministra de Finanzas, Rachel Reeves, ha salido en su defensa apelando a la estabilidad económica. "No podemos sumir al país en el caos", advirtió, recordando que la economía británica mostró un crecimiento inesperado en marzo que podría verse amenazado por la inestabilidad política.
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