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Cuatro años sin Mahsa Amini: "Las ejecuciones se han triplicado, pero la represión no ha frenado la lucha"

Cuatro años después del asesinato de la joven Mahsa Amini a manos de la policía de la moral, el grito de "Mujer, Vida, Libertad" sigue sacudiendo a un Irán asfixiado por la inflación, la guerra contra EE. UU. e Israel y la violencia del régimen. La filóloga y profesora universitaria iraní Maryam Eftekharian analiza el desgaste, la censura y la inquebrantable resistencia de la sociedad iraní.

Cuatro años después de la muerte de Mahsa Amini, la mecha que encendió la revolución "Mujer, Vida, Libertad" lejos de apagarse, ha derivado en una espiral de resistencia ciudadana y represión estatal sin precedentes. Lo que comenzó como la indignación colectiva por el asesinato de la joven kurda de 22 años tras ser detenida por llevar mal puesto el velo, se ha consolidado en un levantamiento frontal contra el régimen teocrático. La respuesta de Teherán ha sido implacable, el movimiento "Mujer, Vida, Libertad" fue respondido con una férrea represión estatal que causó 500 muertos y 22.000 detenidos. Y desde 2022, el número de ejecuciones en el país se ha triplicado.

El contexto actual es aún más complejo tras la escalada bélica iniciada a finales de febrero de 2026 con los bombardeos de Israel y Estados Unidos —en los que murió el líder supremo Ali Jameneí—. A esto se suma el reciente informe publicado por Amnistía Internacional, que acusa al régimen iraní de crímenes contra la humanidad por los asesinatos, torturas y violaciones durante las protestas de 2022, tras la muerte de Amini. Sin embargo, para la doctora en Filología Española y profesora universitaria Maryam Eftekharian, las protestas ciudadanas vividas recientemente en las calles no son un hecho aislado, sino la continuación directa del movimiento iniciado hace cuatro años.

"Nunca hemos parado de luchar. Lo que ocurrió en enero no es solo un hecho bélico o socioeconómico; es la continuación de lo que empezó con la muerte de Mahsa", explica Eftekharian. La académica señala que el descontento popular no se debe únicamente a la guerra o las sanciones externas, sino al desgaste estructural que genera un gobierno opresor: "Nuestro enemigo común es el régimen. El problema va mucho más allá de llevar o no llevar el pañuelo; se trata de un gobierno misógino que quiere aislarnos del mundo".

Una represión silenciada y un país fracturado

En enero, los iraníes salieron a las calles de manera masiva para protestar por la situación económica y política del país. Una vez más, la represión estatal alcanzó cotas devastadoras. Según la población iraní, en dos días asesinaron a 50.000 personas; en 12 días, ya superaron las 97.000. Eftekharian denuncia además el apagón informativo bajo el que vivieron los iraníes por más de 40 días de corte total de internet donde poseer una conexión vía satélite como Starlink era motivo de detención inmediata. Asimismo, señala el grave desamparo por parte de la comunidad internacional ante masacres sistemáticas que han dejado decenas de miles de víctimas y condenas a muerte a menores de edad, activistas, influencers y blogueras por el simple hecho de denunciar la pobreza e inflación que atraviesa al país.

A pesar de la violencia, la sociedad iraní ha cruzado un punto de no retorno. La brecha entre géneros se ha disuelto en las calles, donde hombres y mujeres protestan juntos por un cambio definitivo. Para la diáspora y los ciudadanos en Irán, esta fecha marca un hito indeleble: "Hay un antes y un después. Desde la muerte de Mahsa Amini, ninguno de nosotros ha vuelto a tener una vida normal. Ya no existe el miedo, solo la certeza de que no hay marcha atrás".