GUERRA
Son aviones no tripulados que generan un gran impacto pese a su básico diseño y bajo coste, ya que EEUU e Israel se ven obligados a emplear costosos sistemas para derribarlos.
El presidente de Estados Unidos Donald Trump, presumía de haber acabado con gran parte de las capacidades militares iraníes, y por ello la guerra con Irán estaba "casi terminada". Pero hay ciertas puntualizaciones.
"No tienen armada, ni comunicaciones, ni fuerza aérea. Sus misiles están dispersos. Sus drones están siendo destruidos por todas partes, incluyendo su fabricación. Si nos fijamos, no les queda nada. No les queda nada en términos militares", declaraba Trump este martes. De hecho, EEUU e Israel aseguran haber destrozado el 75% de la capacidad armamentística iraní, pero sigue quedando un pequeño porcentaje.
Ahí es donde se encuentra el caballo negro iraní: drones de bajo coste que rompen los esquemas de sus adversarios. No son ninguna novedad, pues es un arma que ya empleó Rusia en la guerra contra Ucrania, momento en el que comenzaron a acaparar la atención. Fue el régimen iraní quien los vendió al Kremlin, y ahora los utilizan en el conflicto en Oriente Medio con pleno rendimiento.
Los aviones no tripulados Shahed-136, también conocidos como 'Kamikaze' ,destacan por tener una precisión "casi asombrosa" pese a ser asequibles económicamente, ya que su precio puede oscilar los 40.000 dólares. Esto supone un gran desafío para EEUU e Israel, que se ven obligados a emplear caros interceptores para detener drones cuyo coste de fabricación es mucho menor.
Además, EEUU e Israel tampoco "tienen una opción clara" para detener la amenaza de los Shahed, asegura Ryan Bohl, analista sénior de Medio Oriente y el norte de África en la empresa de riesgos RANE. En algunas ocasiones, 'lo barato sale a cuenta', pues los aliados se ven obligados a llevar a cabo inversiones millonarias en su armamento militar para tratar de derribar los baratos misiles iraníes.
Aunque el fuego cruzado es constante e Irán se ve cada vez más acorralado militarmente, sigue defendiéndose y respondiendo, como los recientes ataques a países del Golfo y la obstrucción del estrecho de Ormuz. Según los expertos, lo que parece una reacción desordenada es en realidad una estrategia deliberada: resistir y desgastar a un adversario más fuerte.
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