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Guerra Irán

Más horas de sol, menos dependencia del gas: la fotovoltaica refuerza a España ante la crisis energética

La guerra de Irán sitúa a España en mejor posición que otros países europeos gracias a su apuesta por la energía solar.

Vista de unas placas solares en un parque fotovoltaico. EFE

El encarecimiento del petróleo y del gas por la guerra de Irán ha vuelto a demostrar que los países más expuestos a estas importaciones son también los más vulnerables. Por ello, la energía fotovoltaica se consolida, además de como una alternativa limpia, como una herramienta estratégica para ganar soberanía energética y reducir el impacto de las tensiones internacionales en la factura de la luz.

Así lo subrayó el mes pasado Simon Stiell, secretario ejecutivo de ONU Cambio Climático, quien advirtió de que la dependencia de los combustibles fósiles está "socavando la seguridad y la soberanía nacionales", así como aumentado los costes para familias y empresas.

Recordó que Europa gastó en 2024 más de 420.000 millones de euros en importaciones de combustibles fósiles. Y si nos centramos en España, hablamos de uno de los países mejor posicionados para amortiguar el golpe. El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, aseguró en CNBC que el giro hacia la energía solar y eólica está protegiendo al país de los peores efectos del conflicto en Oriente Próximo.

La clave está en reducir la dependencia del gas para fijar el precio de la electricidad. Según datos citados por el ministro, esa influencia se ha reducido a alrededor del 16% este año, frente al 75% de 2019: "Esto, en cierto modo, aumenta nuestra soberanía energética y reduce la exposición a las crisis".

Sin embargo, España ya vivió algo parecido en 2022 con la guerra de Ucrania, cuando el mercado mayorista llegó a superar los 440 euros por megavatio hora. Cada vez que estalla un conflicto en una zona productora, el patrón se repite: sube el gas, sube la luz y también lo hace la inflación.

¿España mejor preparada?

La diferencia con otros países europeos se nota porque en España, el gas ha influido en el precio de la electricidad en torno a 15 horas en lo que va de año, mientras que en Italia lo ha hecho en 89, según datos de 'Financial Times'. Esa brecha se traduce en precios más bajos para el consumidor, ya que el coste medio de la electricidad para nosotros se sitúa en torno a 66 euros por megavatio hora, casi la mitad que en Italia.

El motivo está en el modelo energético de nuestro país, donde hemos acelerado el despliegue de energía fotovoltaica, eólica e hidráulica y mantiene un respaldo nuclear que aporta estabilidad al sistema. En 2024, las renovables superaron el 56% del mix eléctrico nacional, impulsadas especialmente por el aumento de la hidráulica y de la solar fotovoltaica.

España cuenta con una ventaja que a menudo no se cuenta bien, ya que más de la mitad de la electricidad que consume ya procede de fuentes renovables. En 2025, la solar y la eólica superaron el 56% de la generación eléctrica nacional. Eso hace que, cuando sube el gas, el golpe en España sea menor que en Alemania, Italia o Francia, donde la dependencia de este combustible sigue siendo mucho mayor.

Las horas de sol

Todo ello ha permitido que la electricidad producida por el sol compita con las tecnologías fósiles, más caras y más expuestas a la evolución de los mercados internacionales. España es uno de los países con más horas de sol de Europa, con una media que supera las 2.500 horas anuales en gran parte del territorio.

En las zonas del sur y del levante aumentan a las 3.000, el recurso solar convierte al país en un candidato natural para el autoconsumo y la generación distribuida. Por ejemplo, en comunidades como Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha o Murcia, la rentabilidad de una instalación solar puede ser muy elevada, tanto para hogares como para empresas.

¿Dónde es más eficaz?

Sin embargo, la viabilidad de las fotovoltaicas depende del tipo de consumo, espacio disponible y capacidad de almacenar o gestionar la energía producida. Funciona en viviendas unifamiliares, naves industriales, comercios y edificios con consumo diurno, porque la generación coincide con las horas de mayor demanda.

También es muy útil en comunidades energéticas y en instalaciones con baterías, donde se aprovecha mejor la energía que sobra. En cambio, resulta menos eficaz en consumos nocturnos intensivos, en edificios sin superficie para paneles o en sistemas donde el almacenamiento sigue siendo insuficiente.

A ello se suma el coste inicial de inversión, que para algunos hogares y pequeñas empresas aún es elevado. La reducción de costes tecnológicos y el ahorro en la factura compensan parte de ese motivo, pero la necesidad de más redes, más baterías y mejor gestión del sistema sigue estando ahí. Y sin esas piezas, parte de la energía barata que se produce en horas de máximo sol puede perderse.

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