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Electricidad

Caos en la isla de La Graciosa: 12 horas sin electricidad y problemas con el agua potable

Una avería en el tendido eléctrico de Lanzarote que suministra a la pequeña isla obliga al cierre de supermercados, restaurantes y otros negocios.

"Un absoluto colapso", así define Nieves Arrocha, vecina de La Graciosa, las 12 horas del día de ayer que estuvieron sin suministro eléctrico y sin agua potable. Una avería en el tendido eléctrico que lleva la electricidad de Lanzarote a La Graciosa dejó sin los servicios básicos a la isla desde las 5 de la madrugada hasta primera hora de la tarde. Una situación que, además, se produce en fin de semana, con un lleno en plena temporada estival y con los termómetros alcanzando los 28 grados.

Debido a la falta de electricidad, la red de bombas eléctricas para impulsar el agua y abastecer a la isla, quedó inoperativa por lo que muchos vecinos tuvieron que recurrir a agua salobre, del mar, para el funcionamiento, por ejemplo, de los baños.

"La población flotante triplica la población residente y al no haber luz, tuvieron que cerrar los supermercados, los restaurantes, la panadería… Nos quedamos en la isla sin servicios y los negocios han tenido un día de facturación en pleno agosto perdido" , recuerda Arrocha. Las primeras pérdidas llegaron nada más amanecer cuando los alimentos que se encontraban en los congeladores, ya sin poder funcionar, comenzaron a descongelarse y descomponerse. Tampoco funcionaban las cafeteras ni había agua para fregar la loza.

La vecina graciosera agradece al Consorcio de Seguridad y Emergencias del Cabildo de Lanzarote que "desde primera hora intentaron poner solución a la avería". "A las 10 de la mañana se desplazaron con trabajadores de la empresa suministradora Endesa para empezar con los arreglos en la conexión y lograron restaurarlo a las 15:30 horas", añade Arrocha.

"Esperamos que la empresa responsable elabore un protocolo para que este tipo de sucesos no vuelvan a ocurrir y se garantice el consumo, tanto para la población residente como para ofrecer los servicios fundamentales a quienes nos visitan", solicita esta vecina.

Un único cable eléctrico

La isla de La Graciosa, con más de 600 habitantes y una superficie de 27 kilómetros cuadrados, se abastece de una único cable eléctrico unido a Lanzarote. Sin alternativa y, para prevenir que ocurra lo que sucedió en el día de ayer, la comunidad energética El Sol de La Graciosa, lleva años denunciando que "no se dispone de una alternativa capaz de mantener operativos los servicios básicos cuando esa conexión falla". "La infraestructura con la que se presta el servicio arrastra más de 40 años de antigüedad y reclama un verdadero sistema de respaldo energético", destaca en un comunidad la comunidad energética.

Asimismo, añaden que también dependen de una única conducción de agua potable desde Lanzarote "instalada hace casi tres décadas y cuya sustitución ya ha sido licitada por el Gobierno canario por casi cuatro millones de euros".

Antecedentes en La Gomera

El 30 de julio de 2023, otra isla, La Gomera, sufrió un apagón general durante tres días y dejó sin electricidad a casi 22.000 habitantes y turistas. Un incendio en la central térmica, ubicada en la capital gomera, afectó a los 15.313 puntos de suministro eléctricos de la isla y dejó sin agua, aunque por pocas horas, a buena parte de la isla al no funcionar las estaciones de bombeo.

La recuperación, que fue progresiva, obligó a movilizar, vía marítima, a 14 grupos electrógenos, algunos provenientes de la Península, para garantizar la asistencia en centros sanitarios o la movilidad en puertos y aeropuertos.

Sistema energético débil en Canarias

El sistema energético de Canarias es especialmente vulnerable porque las islas funcionan con redes eléctricas pequeñas y aisladas, con poca conexión entre ellas y sin una conexión eléctrica directa con la Península. Esto hace que, averías como las ocurridas en La Gomera o La Graciosa, tengan un impacto considerable en la población.

A pesar del aumento de las energías renovables, Canarias depende todavía en buena parte de centrales térmicas y combustibles fósiles. A ello hay que sumarle la antigüedad de algunas infraestructuras, el aislamiento de las redes y la dificultad para almacenar energía, lo que hacen que el sistema sea más sensible a apagones y otras incidencias.

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