Bádminton
La deportista onubense se retira tras desafiar toda lógica y convertirse en la mejora jugadora de bádminton del mundo en un país en el que nadie practicaba ese deporte.
Carolina Marín ha anunciado este jueves su retirada tras una carrera de leyenda, una carrera en la que una niña de Huelva logró hacer realidad su sueño y desafiar a toda Asia para convertirse en la mejor jugador de bádminton del planeta. Soñar con reinar en el bádminton naciendo en España es una quimera, una ensoñación que la ya exjugadora onubense hizo realidad a base de tenacidad, constancia y una fe inquebrantable.
La pupila de Fernando Rivas irrumpió en la escena internacional en 2014, año en el que ganó el primero de sus tres títulos mundiales en Copenhague (Dinamarca) y el Europeo de Kazán (Rusia). A partir de ahí, Carolina Marín instauró un reinado en el bádminton mundial, derrotando a todas las jugadores asiáticas.
En su palmarés, tres oros mundiales (2014, 2015 y 2019), siete oros europeos (2014, 2016, 2017, 2018, 2021, 2022 y 2024) y un oro olímpico (Río 2016). Además de una plata en el Mundial de Copenhague 2023.
Su dominio también se extendió a los torneos de las Super Series Finales y Premier, logrando dos títulos del All England (2015 y 2024), un Abierto de Malasia (2015), dos Abiertos de China (2018 y 2019) y dos Abiertos de Tailandia. Además, en el 2024 Carolina Marín fue condecorada con el Premio Princesa de Asturias de los Deportes y es la única jugadora no asiática en ser campeona olímpica.
También fue condecorada con el Premio Nacional del Deporte en 2014 y la Medalla de Oro y la de Bronce de la Real Orden del Mérito Deportivo (2014 y 2016), así como el reconocimiento de doctora 'honoris causa' por la Universidad de Huelva.
Tres roturas de ligamento cruzado de rodilla en seis años han derrotado a una jugadora que en la pista se transformaba en un animal competitivo. Las dos primeras las superó con nota. La tercera, en París, fue el prólogo de la decisión comunicada hoy.
La primera rotura fue a finales de enero de 2019 en la rodilla derecha en la final del Masters de Indonesia. Volvió a competir a finales de año y empezó a preparar los Juegos de Tokio 2020, aplazados por la pandemia a 2021, un tiempo de espera en el que sufrió la muerte de su padre.
La segunda, en la otra rodilla, la izquierda, llegó poco antes de Tokio, a finales de mayo de 2021, en un entrenamiento y la tercera, de nuevo en la derecha y puede que la más cruel, cuando estaba a punto de clasificarse para la final de los Juegos de París, el 4 de agosto de 2024, ante la china Bing Jiao He (21-14 y 10-6).
El deporte mundial lloró con su desgarrador llanto sobre la pista del estadio parisino de La Chapelle. Un llanto previo a otros dos pasos por el quirófano y que fue el preludio del adiós de hoy.