Ultradistancia
Lo que empezó como una idea casi imposible terminó convirtiéndose en una historia de resistencia, coordinación y compañerismo.
Dicen que el amor une a las personas, pero en el caso de Jessica Muñoz y Pelayo Álvarez esa unión fue completamente literal. Ella es policía local, él guardia civil, y ambos decidieron convertir una herramienta habitual de su trabajo en el eje de un gran reto. Todo comenzó cuando Jessica descubrió cuál era la mayor distancia recorrida por dos personas esposadas durante una prueba deportiva. El récord rondaba los 80 kilómetros y, en ese momento, surgió la idea de intentar superarlo en una de las carreras de ultrafondo más duras de España: los 101 kilómetros de Ronda.
"Él es guardia civil, yo policía local. Las esposas son una herramienta de nuestro trabajo", explicó Jessica sobre cómo nació el reto. La propuesta sorprendió incluso a Pelayo en un primer momento; sin embargo, ambos terminaron embarcándose en una preparación tan física como mental para afrontar una prueba que exige resistencia, coordinación y una enorme capacidad de adaptación. "Yo aluciné, madre mía. Surgió de la carrera de los 101 también", reconoció Pelayo. La prueba de los 101 kilómetros de Ronda está considerada una de las más exigentes del ultrafondo. Cientos de corredores participan cada año en un recorrido marcado por el desnivel, el desgaste físico y las largas horas de competición, pero hacerlo esposados añadía una dificultad completamente distinta.
Cada movimiento requería una sincronización extrema: desde mantener el ritmo durante la carrera hasta gestionar en los avituallamientos el agua, la comida o la velocidad en los momentos más duros del recorrido. "En los avituallamientos teníamos solo una mano para abrir y cerrar el agua…", explicó Jessica. "La comida, íbamos todo el rato tirándonos uno de otro", añadió Pelayo entre risas.
Tras casi 17 horas de esfuerzo, ambos cruzaron la línea de meta a las tres de la madrugada. Lo hicieron juntos, unidos por las esposas y conscientes de haber completado un desafío único dentro del ultrafondo. Ahora comienza otra carrera, la burocrática: la pareja debe presentar pruebas, fotografías, vídeos y declaraciones de testigos para que la marca pueda ser homologada oficialmente como récord. "Tenemos ahora que presentar declaraciones de testigos, pruebas de fotos, de vídeos y tenemos que subir todas las evidencias para que esto lo certifiquen", explicó Pelayo.
Más allá de la marca deportiva, el reto también tuvo un importante componente solidario. Jessica y Pelayo aprovecharon la repercusión de la iniciativa para recaudar fondos destinados a una ONG, implicando incluso a quienes seguían su aventura desde fuera: "Se nos ocurrió incluso que la gente apadrinara un kilómetro", contó Jessica.
La historia de ambos es una mezcla de amor, esfuerzo y resistencia.
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