CREATIVIDAD EN PEQUEÑAS DOSIS
Sesenta y seis cocineros compiten en Valladolid para ganar el Concurso Nacional de Pinchos y Tapas. Entre fogones, se atreven a utilizar los productos de la tierra con mucha imaginación.
Platos tan original como el macaroon de bacalao con garbanzos y callos a su pil-pil o la oreja crujiente con hamburguesa de sepia y ajo caramelizado se dan cita en Valladolid con motivo del Concurso Nacional de Pinchos y Tapas.
El certamen acoge a 66 participantes procedentes de todas las comunidades autónomas. El premio a la tapa ganadora está dotado con 6.000 euros y habrá dos subcampeones que recibirán un trofeo.
Entre las creaciones más curiosas, una mandarina que esconde un bocado exquisito de perdiz o pinchos presentados en el interior de una lata. Y es que en la cocina en minuatura nada es lo que parece. "Aquí lo que hacemos es que cuando el cliente ve el producto crea que es morcilla de Burgos, pero se convierte en morcilla de potro", afirma el cocinero Pedro Sualdea.
Otra original tapa es una paella creada por Carlos Nuez, cuya apariencia recuerda a un café, pero que en realidad es caldo de pollo con espuma de 'garrofó', que son dos ingredientes de la paella, mientras que el tradicional sobre de azúcar alberga pimentón de La Vera y la rosquilla con la que se sirve tiene arroz y bainas.
Poseer genialidad en pequeñas dosis es una de las cualidades que debe tener el ganador del concurso. "Es un equilibrio entre originalidad, presentación y gusto", dice el cocinero Albert Adrià, miembro del jurado.
A lo largo de esta jornada, Valladolid se convierte en la capital mundial del pincho y la tapa, donde no faltan sorprendentes sabores y presentaciones de lo más coloridas.
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