Morenito puso toda la carne en el asador para tirarse a todo.
El burgalés apostó y sacó lo único potable de una corrida desastrosa de Pereda. ¡Qué Pereza de encierro! Tan desigual como descastado, los toros fueron apareciendo, se durmieron, agarraron al piso y robarles tres muletazos seguidos fue misión imposible.
Ese toro, todo un tío, tuvo al menos diez arrancadas. Sin clase y sin emplearse, al menos tomó la muleta por el izquierdo. Siempre con un molesto tornillazo que fue acrecentando cuando enganchó tela, y topando con el pitón de dentro. Morenito tiró la moneda al aire y quiso aprovecharlo. Dejándolo llegar de largo, echando la muleta y llevándolo en línea, para no violentarlo. La primera serie salió demasiado acelerada y poco limpia, pero segunda y tercera tuvieron buen aire.
La gente, que a esa hora estaba como loca buscando una delantera por la que tirarse de cabeza, entró rápido en la faena y se sobrecogió en una voltereta muy fea. El toro, que había avisado, vio hueco entre la tela y el torero, se metió por dentro y cazó de fea manera. La paliza muy fuerte y Moreno, que tuvo arrestos, volvió a la cara del toro para pegarle otra y la estocada, que será candidata a premio, seguro.
La tarde no tuvo más porque la moruchada de Pereda fue de las que hacen historia. Como un chinazo entre ceja y ceja, más o menos. Desde el terciadito segundo al caballo cuarto, el catálogo de ejemplares descastados e infumables fue en aumento. Con un récord difícil de superar. A ver quién tiene narices a que le piten los cinco de seis toros en el arrastre.
Leandro se estrelló con un lote al que, en veinte minutos, no pudo llegar a pegarle veinte pases. Al primero lo cuidaron y al cuarto lo molieron en el caballo en un puyazo traserísimo y excesivo, pero total, tampoco iba a embestir...
El primero de Morenito no tuvo nada dentro por lo que tuvo que abreviar. El tercero, para Fandiño, siguió la correa de la tarde, aunque al menos no se quiso comer a nadie como los otros. El torero de Orduña volvió a salir con ganas y, poco a poco, con tesón y dejando la muleta en la cara, consiguió robarle muletazos de uno en uno.
Como el otro día, salió trompicado a la hora de matar. En este caso no fue tanto tirarse como no pasar, porque se quedó atrás sin vaciar la suerte y el toro lo arrolló por obligación. El caballo sexto lo brindó al público. En los medios planteó faena con un ejemplar que, sin clase alguna, se movió.
Fandiño fue poco a poco metiéndolo en el canasto. Pese a los saltos, el de Orduña dejó la muleta, lo llevó despacio y con mucha limpieza en series que, con la movilidad a saltos del toro, que se abría mucho por el izquierdo, llegaron arriba. Tres series duró el animal, que aprovechó Fandiño al natural.
El de Orduña lo cerró a la segunda raya para intentarlo por el derecho. El animal dejó estar aunque ya no tuvo correa de transmisión, y la faena de Fandiño bajó enteros. También el toro, que acusó querencia y amagó con irse a tablas. Y se fue. Como Fandiño con la espada.
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