¿INVERTIR? Tú PUEDES
La inflación: por qué tu dinero vale menos con el tiempo y cómo puede afectar a tus ahorros
Hay cambios que parecen pequeños hasta que empiezas a fijarte en ellos. El menú del día que ya no vale lo que recordabas; la cesta de la compra que, con los mismos productos, parece pesar más en el bolsillo; ese café que cada vez sube más. No es solo una sensación, esto se debe a la inflación.
Cuando los precios de los bienes y servicios suben de forma generalizada durante un periodo de tiempo estamos hablando de inflación.
La buena noticia es que comprenderla es mucho más fácil de lo que parece. Y hacerlo también puede ayudarnos a tomar mejores decisiones con nuestro dinero.
Y, aunque forma parte del funcionamiento habitual de una economía, tiene una consecuencia: con la misma cantidad de dinero podemos comprar menos cosas.
¿Qué es la inflación?
Que suba el precio de los huevos, del aceite o de la gasolina no significa necesariamente que haya inflación. Hablamos de inflación cuando se produce un aumento generalizado de los precios de los bienes y servicios durante un periodo de tiempo. Es decir, no importa tanto lo que ocurre con un producto concreto como la tendencia del conjunto.
En España, la principal referencia para medir esa evolución es el Índice de Precios de Consumo (IPC). Para calcularlo se utiliza una cesta de bienes y servicios representativa del consumo de los hogares y se observa cómo evolucionan sus precios.
El IPC sirve de referencia. Pero no todos gastamos lo mismo en alimentación, vivienda, transporte, ocio o energía. Por eso, la inflación que aparece en las estadísticas puede no ser la misma que cada uno nota en su día a día.
Si cuesta más producir o transportar un producto, esa subida en los costes puede terminar afectando a su precio final. Normalmente la subida de precio hará que menos gente quiera comprarlo y el aumento del coste se repartirá entre quien lo produce (tendrá menos margen de beneficio) y quien lo compra (pagará un poco más). Pero si la demanda sigue siendo la misma, a pesar de la subida de precio, no hay motivo para que el precio baje.
Por eso, la inflación no depende únicamente de lo que ocurre en el supermercado. Es el resultado de muchos factores que interactúan entre sí dentro de una economía.
¿Es mala la inflación?
Una inflación moderada y estable es compatible con el buen funcionamiento de la economía. Tanto es así que el Banco Central Europeo tiene como objetivo una inflación del 2 % a medio plazo, buscando mantener la estabilidad de precios.
El problema aparece cuando las subidas son demasiado altas o persisten en el tiempo.
Si los salarios y los ingresos no crecen al mismo ritmo que los precios podemos ver reducido nuestro poder adquisitivo y, entonces, también se pueden ver afectadas las decisiones de consumo, ahorro e inversión.
Para el consumidor el primer efecto es la sensación de empobrecimiento, porque su dinero ahora vale menos. Sin embargo, en una economía en crecimiento y con una inflación controlada, los salarios y determinadas rentas, como las pensiones, pueden aumentar con el tiempo, pero no siempre lo hacen al mismo ritmo que los precios. Cuando se quedan atrás, se produce una pérdida de poder adquisitivo.
Que la inflación baje no significa que bajen los precios
Esta es una de las confusiones más extendidas. Si en un año los precios aumentan un 5 % y al siguiente la inflación baja al 2 %, los precios siguen subiendo; simplemente lo hacen a un ritmo menor.
Para que los precios bajaran de forma generalizada tendría que producirse el fenómeno contrario: la deflación.
Por eso, cuando hablamos de inflación es importante fijarnos no solo en si sube o baja, sino también en el nivel que alcanza y durante cuánto tiempo se mantiene.
Con el paso del tiempo el valor nominal de nuestro dinero no cambia, un billete de 50 euros sigue siendo de 50 euros, pero sí puede disminuir su poder adquisitivo. Entonces es cuando la inflación deja de ser una cifra económica y comienza a tener un impacto directo en nuestra cartera.
El efecto de la inflación es especialmente importante cuando pensamos a largo plazo. Si los precios aumentan y nuestros ahorros no generan ninguna rentabilidad, cada año podemos adquirir menos bienes y servicios con el mismo capital.
Porque tener el mismo dinero no significa necesariamente tener el mismo patrimonio en términos reales.
Entonces, ¿qué podemos hacer con nuestro dinero?
Ahorrar consiste en reservar una parte de nuestros ingresos para utilizarlos en el futuro. Pero cuando pensamos a largo plazo, hay otro factor que conviene tener en cuenta: la inflación.
Por ejemplo, si guardamos 10.000 euros durante 10 años y ese dinero no obtiene ninguna rentabilidad, seguiremos viendo 10.000 euros en nuestra cuenta. Sin embargo, si durante ese tiempo los precios han aumentado, un 2% cada año, por ejemplo, harían falta 12.190 euros para comprar lo mismo que hoy se compra con 10.000 euros.
Por eso, cuando hablamos de nuestras finanzas a largo plazo, no solo importa cuánto dinero tenemos, sino cuánto podemos comprar con él.
La inflación también se puede mirar desde nuestra propia cartera
Cuando notamos que algo cuesta más que hace unos meses, podemos preguntarnos: ¿qué está pasando con mi dinero mientras los precios cambian?
Y es que la inflación está en lo que compramos, en lo que pagamos y también en la capacidad que tendrán nuestros ahorros para comprar cosas dentro de unos años.
Ahora es cuando la inversión entra en juego
La inversión busca que nuestro dinero pueda generar una rentabilidad a lo largo del tiempo. El objetivo puede ser conseguir que esa rentabilidad ayude a compensar el efecto de la inflación y a preservar el poder adquisitivo de nuestros ahorros. Pero también implica asumir riesgos: el valor de una inversión puede subir o bajar y no siempre se recupera íntegramente el capital invertido.
Porque cuando entendemos que el objetivo no es únicamente guardar dinero, sino también buscar alternativas que puedan ayudarnos a gestionar el efecto de la inflación a largo plazo, o incluso aumentarlo, empezamos a acercarnos a la inversión desde una visión más completa.
En definitiva, para tomar decisiones más informadas sobre nuestro dinero, el primer paso es entender cómo funciona la inflación.
Por ello, ING pone en marcha ¿Invertir? Tú puedes, una iniciativa para acercar la inversión de una forma fácil. Porque conceptos como la inflación pueden parecer complejos hasta que se explican sin tecnicismos, a nuestro ritmo, y con las dudas que todos podemos tener.
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