Transportar droga a cambio de dinero supone un peligro no sólo para la libertad, sino también para la propia vida. Lo saben bien Carolina Céspedes y su marido, José María Romero, que se encuentran en régimen de semilibertad y deben pasar la noche en la cárcel. Ambos volvían de Bolivia como muleros. Les prometieron 6.000 euros que invertirían en un negocio.