Tras conseguir la información que buscaban, Héctor y Lola se acercan hasta la casa de Julio Eredia, el vendedor de armas que facilitó la pistola con la que atacaron a Héctor. La falta de colaboración del delincuente obliga a los dos agentes a hacer un trato con él, quién termina confesando que fue Agneska quién compró el arma.