ELENA IRURETA ES

Concha, la madre en crisis

Madre, esposa, abuela, suegra, nuera y tía: todo eso es Concha, el verdadero motor diesel de los Navarro. Y es que mientras Manuel es el autoproclamado líder indiscutible del clan, ella es quien realmente ha llevado y sigue llevando el peso de la familia, desviviéndose por sus hijos, acogiendo a sus respectivas parejas, cuidando a los nietos, ocupándose de la suegra y, cómo no, lidiando con su marido: cuanto más protagonismo acapara Manuel, más trabajo le cae a ella.

Siempre ocupada con los que están y preocupada por los que todavía no han llegado, no es raro que te pregunte si por fin te has empadronado, si felicitaste a la tía Delmira por su santo o si tienes problemas para hacer caca con regularidad (en cuyo caso insistirá en que te tomes no sé qué remedio natural del que oyó hablar el otro día en la radio). Vamos, que los tiene a todos en la cabeza, y desde hace unos meses (¡lo que faltaba!) también en el whatsapp.

Disfruta de las celebraciones familiares y de volver a ver el nido lleno, aunque cada vez está más harta de todo el trabajo que supone celebrar todo siempre en casa. Pero si alguna vez Manuel propone encargar la comida para quitarle trabajo, Concha se niega en redondo: no sólo para asegurarse de que comen bien (que fuera de casa ya se sabe), sino para poder tener algo de qué quejarse antes, durante y después del evento en cuestión.

Tras una vida de sacrificios, Concha por fin tiene algo de tiempo libre para hacer todo lo que nunca pudo hacer. Le encantaría que Manuel se jubilase para vivir un poco la vida e ir de vez en cuando a Benidorm o a un crucerito por el Mediterráneo, pero como su marido se niega no le queda más remedio que ir por libre y buscarse la vida con sus amigas.

Con todo, Concha aún quiere a Manuel y nunca se ha planteado cómo sería la vida sin él. Pero todo tiene un límite y hay cosas con las que Concha no está dispuesta a tragar.

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