En plató
Tras años de insultos y rechazo por su alopecia, Sarah da un paso al frente y se muestra sin peluca: "Me decían que nadie me iba a querer"
Sarah convive con la alopecia desde los 3 años, pero lo peor, ha sido las consecuencias que esto le ha traído a lo largo de su vida: acoso e insultos. Hoy es fuerte pero ha tenido que trabajar mucho en ella misma.
Sarah Mena tiene 15 años y convive con alopecia universal, la más agresiva de esta enfermedad. Aunque hoy ha aprendido a aceptarse tal y como es, el camino hasta llegar a ese punto ha estado marcado por experiencias muy duras que, con el tiempo, han terminado convirtiéndose en una fortaleza.
Fue diagnosticada cuando apenas tenía tres años. A los seis comenzó a sufrir insultos, acoso escolar, humillaciones e incluso agresiones como escupitajos y pedradas. Un dolor que la marcó mucho, pero que no consiguió apagar sus ganas de seguir adelante.
Lejos de dejarse vencer, Sarah ha transformado el sufrimiento en un motor para dar visibilidad a la alopecia y apoyar a otras personas que atraviesan una situación similar. En ese proceso, el respaldo de asociaciones como Mechones Solidarios ha sido fundamental. Gracias a ellas, asegura haber encontrado apoyo, comprensión y una razón más para seguir luchando.
Hoy, en plena adolescencia, sueña con convertirse en modelo y participar en certámenes de belleza. Más allá de una meta profesional, lo considera un reto personal, para demostrar que la belleza no depende del pelo que tengas y lanzar un mensaje de esperanza y aceptación a quienes viven con complejos o enfermedades visibles.
Sarah recuerda que desde muy pequeña sintió que era diferente. "Era alguien a quien miraban raro y no querían tener cerca", relata. "Los niños me trataban como si yo fuera algo anormal". Entre los comentarios que más la marcaron, recuerda que le repetían que "nadie nunca me iba a querer".
Su madre, visiblemente emocionada, reconoce que el dolor de ver sufrir a su hija fue inmenso. "Si hubiera estado en mis manos arrancarme el pelo y pegárselo a mi hija, lo habría hecho", confiesa.
Sin embargo, Sarah ha dado un paso que nunca imaginó posible, quitarse la peluca frente a las cámaras y mostrarse tal y como es, por primera vez después de años ocultándose. "Hubo momentos en los que ni siquiera podía mirarme al espejo", explica. "Me di cuenta de que me estaba escondiendo por miedo". Hoy ese miedo ha dado paso a la aceptación y a un firme propósito: demostrar que la verdadera fuerza nace cuando uno deja de esconderse.