Terremoto Venezuela

"Antes de morirme tengo que volver a verte": la angustia de una madre que perdió el contacto con su hijo tras el terremoto de Venezuela

Cada minuto se le hace eterno. Mariangi Leal, una venezolana residente en Colombia, lleva horas sin saber nada de Daniel, su hijo de 15 años, después del devastador terremoto que ha golpeado varias zonas de Venezuela. La última conversación entre ambos estuvo marcada por el miedo, la incertidumbre y unas palabras que ahora resuenan una y otra vez en su cabeza.

Todo comenzó cuando Mariangi escuchó las primeras noticias sobre el seísmo mientras realizaba tareas domésticas. Al principio pensó que se trataba de uno de tantos temblores habituales en el país. Pero al conocer la magnitud de la tragedia, cogió inmediatamente el teléfono para intentar localizar a su hijo. Comenzaba su pesadilla en el terremoto de Venezuela.

"Estoy súper asustado, mamá"

Daniel vive en La Guaira junto a su abuela paterna. La comunicación fue complicada desde el primer momento. La señal era inestable y las llamadas se cortaban constantemente. Aun así, madre e hijo lograron hablar durante cerca de una hora.

“Estoy súper asustado, mamá. Estoy súper asustado. Papá no aparece”, le repetía el adolescente al otro lado del teléfono.

Mariangi también intentó contactar con el padre del menor, que se encontraba trabajando en el aeropuerto. La respuesta fue igualmente preocupante: apenas había cobertura y las comunicaciones comenzaban a colapsar.

A las 9:57 de la noche, hora venezolana, llegaron los últimos mensajes. Después, silencio.

Una separación de nueve años

La historia tiene además una carga emocional aún mayor. Mariangi abandonó Venezuela en 2017 para buscar una vida mejor en Colombia. Hace nueve años que no abraza a su hijo, que entonces era apenas un niño y hoy tiene 15 años. Desde que perdió el contacto con él, la desesperación se ha instalado en su rutina. “Es imposible aguantar este sufrimiento. Cada minuto es una eternidad”, explica.

Tampoco logra comunicarse con otros familiares. Las carreteras están afectadas y muchas líneas telefónicas han dejado de funcionar tras el terremoto.

La última frase

Entre lágrimas, Mariangi recuerda una conversación que ahora adquiere un significado devastador: “Antes de morirme tengo que volver a verte, mi vida”, le dijo Daniel.

Ella intentó tranquilizarle inmediatamente: “No digas eso, mi amor. Claro que nos vamos a volver a ver”.

Pero el miedo era más fuerte que cualquier intento de consuelo. Según las últimas noticias que recibió, el padre del menor no había podido llegar hasta donde se encontraban Daniel y su abuela debido a los daños causados por el terremoto y al colapso de algunas infraestructuras. Mientras espera que amanezca y puedan reanudarse las labores de búsqueda y comunicación, Mariangi permanece pendiente del teléfono. Su deseo, después de horas de angustia, es tan simple como desgarrador: volver a recibir un mensaje de su hijo.

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