UNA AUSENCIA CLAVE
El Caballero de los Siete Reinos ha sorprendido al prescindir de los míticos dragones de Juego de Tronos o La Casa del Dragón pero... ¿Por qué?
El Caballero de los Siete Reinos, el nuevo spin-off del universo creado Geroge R. R Martin, se sitúa aproximadamente 90 años antes de Juego de Tronos y varias décadas después de los acontecimientos narrados en La Casa del Dragón. En ese punto de la historia de Poniente, la dinastía Targaryen sigue gobernando el reino, pero los dragones ya no forman parte del mundo cotidiano. Su extinción marca una era de transición en la que el poder se ejerce sin el arma definitiva que durante generaciones garantizó la supremacía de la casa del dragón.
En La Casa del Dragón, los dragones son un elemento central tanto narrativo como visual. Representan poder, legitimidad y amenaza, y su presencia condiciona cada decisión política. Sin embargo, el final de la Danza de los Dragones supuso también el principio de su desaparición. Aunque la serie no entra en detalles exhaustivos sobre ese proceso, el resultado es claro: con el paso del tiempo, los dragones mueren, se debilitan o desaparecen, dejando a los Targaryen sin su mayor ventaja.
Ese contexto explica por qué en El Caballero de los Siete Reinos no hay dragones sobrevolando Poniente. La serie apuesta deliberadamente por una escala más pequeña, centrada en caballeros errantes, torneos y conflictos humanos, donde la fuerza no depende de criaturas míticas, sino de espadas, alianzas y reputación. Es un mundo más terrenal, más cercano al de los primeros episodios de Juego de Tronos que al espectáculo de fuego visto en otras entregas.
La ausencia de dragones también tiene un valor simbólico. Marca el inicio del declive real del poder Targaryen, aunque todavía conserven el trono. Sin dragones, la autoridad ya no es incuestionable, y el reino entra en una etapa donde el linaje importa tanto como la capacidad de gobernar sin miedo.
¿Habrá referencias a los dragones en la serie? Todo apunta a que sí, al menos de forma indirecta. En este periodo histórico, los dragones siguen presentes en la memoria colectiva de Poniente como símbolos de un pasado glorioso y aterrador. Es probable que se mencionen en conversaciones, canciones o relatos, no como criaturas vivas, sino como leyendas recientes que aún pesan sobre la identidad de los Targaryen.
Lo que no es probable es ver dragones en acción. El Caballero de los Siete Reinos no está concebida como una serie de grandes batallas ni de fantasía épica desbordada, sino como una historia más íntima y contenida. Precisamente, su mayor diferencia con La Casa del Dragón es demostrar que el universo de Juego de Tronos puede sostenerse sin fuego ni alas, apoyándose en personajes, conflictos morales y decisiones pequeñas que acaban teniendo consecuencias enormes.