EL DIABLO VISTE DE PRADA 2
Meryl Streep reconoce que meterse de nuevo en la piel de Miranda Priestly no fue solo cuestión de actitud: el vestuario del personaje volvió a pasarle factura.
Con el estreno de El diablo viste de Prada 2 previsto para el 1 de mayo, el regreso de Miranda Priestly ha vuelto a colocar a Meryl Streep en uno de los papeles más icónicos de su carrera.
Dos décadas después de la primera película, la actriz se ha reencontrado con los tacones, los estilismos imposibles y la exigente presencia del personaje que marcó a toda una generación. Sobre esta vuelta al universo de la moda, Streep ha reconocido que la experiencia física fue más dura de lo esperado.
La actriz le ha explicado a Vogue cómo vivió el proceso de vestuario para la secuela: "Como una persona que ocupó su puesto durante 20 años, mantuvo su imagen, pero la adaptó, como hacemos con el tiempo". Sin embargo, también ha admitido el desgaste que supuso: "Pero casi sufro de trastorno de estrés post traumático por usar tacones altos durante 16 semanas. ¡Siento que debería recibir una Medalla de la Libertad!". Al recordar el momento de volver a enfundarse los trajes de Miranda, ha añadido: "Fue como entrar al fondo de tu propio armario y encontrar algo, pensar: 'Oh, me pregunto si esto todavía me queda'".
Stanley Tucci, que regresa como Nigel, ha coincidido en la importancia del vestuario para construir al personaje: "Especialmente en esta película, el vestuario es parte integral del personaje". La diseñadora de vestuario Molly Rogers también ha explicado que el objetivo era mantener ese carácter atemporal que convirtió a la primera entrega en un referente de estilo: "Tenemos una hoja de ruta realmente excelente. Me encanta la ropa de la primera película porque es atemporal. No ves 'look 14' ni nada parecido". Y ha añadido sobre el planteamiento para la secuela: "Quería lograr eso, a la vez que me aseguraba de que la ropa tuviera un horizonte amplio".
Anne Hathaway, por su parte, confiesa el impacto emocional de volver a ver a Streep caracterizada como Miranda en el set. "Meryl, como Miranda, había empezado a caminar por el pasillo delante de mí —yo estaba a unos quince metros detrás de ella— y verla desde atrás fue prácticamente psicodélico", relata. "Sentí que se abrían muchos portales en ese momento. Tenía 22 años otra vez, pero seguía siendo ahora". La actriz también ha destacado el ambiente en el rodaje: "Por suerte, esta vez no se quedó en el personaje todo el tiempo, así que nos reímos mucho".
Dos décadas después, Andy Sachs puede haber evolucionado, pero todo apunta a que Miranda Priestly seguirá siendo el eje magnético de la historia: la misma jefa temida, icónica y absoluta reina del universo de la moda que convirtió a El diablo viste de Prada en un fenómeno cultural.