SALUD INFANTIL
La edad de la primera regla ha bajado de los 17 a los 12 años en dos siglos. Descubre cómo los disruptores endocrinos en plásticos y cosméticos están afectando la salud infantil y qué puedes hacer para reducir la exposición según expertos del ISGlobal.
Durante generaciones, la llegada de la primera regla era un hito de la adolescencia media. Nuestras abuelas solían "hacerse mujeres" —como se decía entonces— alrededor de los 14 años. Sin embargo, el panorama hoy es muy distinto: ya no es raro ver a niñas de 9 o 10 años enfrentándose a este proceso.
Las cifras son impactantes. En los últimos 200 años, la edad media de la menarquía (la primera menstruación) ha descendido de los 17 a los 12 años, y la curva sigue bajando. Pero, ¿qué está "acelerando" el reloj biológico de nuestras hijas?
Según explica el Dr. Diego López de Lara (@medicina_de_salon), pediatra y endocrino, la clave reside en los disruptores endocrinos. Se trata de sustancias químicas ajenas al cuerpo que "engañan" a nuestro sistema hormonal, alterando su equilibrio y activando el sistema reproductor antes de tiempo.
¿Dónde se esconden? Principalmente en tres focos cotidianos:
El proceso es casi invisible: estas sustancias viajan por la sangre hasta el cerebro, logrando cruzar la barrera hematoencefálica. Una vez en el hipotálamo, "encienden" los receptores que regulan la pubertad (como la GnRH y la kisspeptina), provocando una liberación prematura de estrógenos. El cuerpo recibe una orden de madurar para la que, cronológicamente, aún no estaba listo.
Aunque es imposible vivir en un entorno libre de químicos, el ISGlobal (Instituto de Salud Global de Barcelona) sugiere que podemos ser consumidores más conscientes. Pequeños cambios en nuestro día a día pueden marcar una gran diferencia en la carga hormonal que reciben los niños:
Los disruptores endocrinos no solo alteran el sistema reproductivo femenino. El ISGlobal advierte que estas sustancias pueden interferir de forma integral en la salud de toda la población, afectando desde el sistema cardiovascular y respiratorio hasta el desarrollo cognitivo y metabólico.
La vulnerabilidad empieza incluso antes de nacer. "Dada su capacidad de cruzar la placenta y aparecer en la leche materna, los bebés pueden estar expuestos desde el primer momento", señalan desde la institución. Por eso, cuidar el entorno durante el embarazo y los primeros años de vida es crucial para prevenir futuros problemas de salud y asegurar un crecimiento equilibrado.