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Del romanticismo vintage al negro más elegante: así fueron los vestidos de Emma Roberts en su boda

El vestido de novia de Emma Roberts escondía múltiples transformaciones, un velo inspirado en el glamour del viejo Hollywood y un segundo look en negro que rompió con la tradición, convirtiendo su estilismo nupcial en una de las grandes inspiraciones del momento.

Emma Roberts Gtres

Las bodas de las celebridades se han convertido en una auténtica fuente de inspiración para quienes buscan ideas diferentes para el gran día. Lejos de los diseños más clásicos, cada vez son más las novias que apuestan por vestidos versátiles, detalles con historia y guiños a la moda vintage.

Emma Roberts ha seguido precisamente ese camino con un look nupcial tan romántico como original. La actriz, que se ha casado con Cody John en una ceremonia íntima celebrada en Idaho, confió en la diseñadora Monique Lhuillier para crear un vestido completamente personalizado.

El resultado fue un diseño etéreo, lleno de referencias al pasado y pensado para transformarse a lo largo de la celebración sin perder su esencia. En este artículo te lo contamos todo sobre su vestido de novia, el velo y su segunda puesta.

Inspiración vintage y múltiples versiones

Desde el primer momento, Emma Roberts tenía claro que quería un vestido que pareciera heredado, como si hubiera pertenecido a otra época. Para conseguir ese efecto, Monique Lhuillier confeccionó el diseño en gasa de seda y creó un tono exclusivo bautizado como Vintage Rose, un blanco ligeramente envejecido que aporta un aire delicado y nostálgico.

Pero la belleza del vestido no estaba únicamente en su estética. También escondía varios detalles que lo convertían en una pieza especialmente práctica. Incorporaba un corsé interno que proporcionaba estructura y una amplia abertura en la falda para facilitar el movimiento durante toda la jornada.

Además, el diseño incluía un chal asimétrico desmontable que permitía transformar el vestido tras la ceremonia. Al retirarlo, el escote pasaba a ser palabra de honor, consiguiendo un segundo look sin necesidad de cambiar de vestido.

Según ha explicado la propia Monique Lhuillier, el proceso de creación se prolongó durante nueve meses y requirió alrededor de mil horas de confección artesanal. Todo ese trabajo dio lugar a una pieza capaz de ofrecer hasta cinco versiones distintas.

El velo

El estilismo se completó con uno de los accesorios más llamativos del conjunto: un doble velo que reforzaba la inspiración vintage del vestido.

Por un lado, Emma Roberts lució un velo largo y transparente de corte clásico. Sin embargo, el detalle más especial fue una segunda pieza mucho más corta, inspirada en el glamour del Hollywood de los años cuarenta y cincuenta.

Este pequeño velo cubría parcialmente el rostro y podía desplazarse hacia atrás hasta colocarse como una diadema, aportando un toque sofisticado y diferente sin renunciar al aire romántico del conjunto.

La propia actriz confesó que, cuando se probó el vestido terminado por primera vez, sintió que parecía un hada élfica. Entre risas, añadió que ella había pedido parecer un fantasma, aunque el resultado terminó siendo mucho más elegante de lo que imaginaba.

Un segundo vestido negro

Una vez terminada la ceremonia, Emma Roberts sorprendió de nuevo con una elección poco habitual. Para la fiesta posterior cambió el blanco por un vestido negro firmado también por Monique Lhuillier.

En lugar de estrenar un diseño nuevo, la actriz recuperó una pieza de archivo perteneciente a la colección otoño 2004 de la firma. El vestido combinaba un corsé de encaje Chantilly con una falda midi de seda elaborada en capas y cortada a mano, una propuesta que mantenía el aire romántico del primer look, pero con un punto mucho más atrevido.

Con un vestido capaz de transformarse, referencias constantes a la moda vintage y un segundo estilismo que rompía con las normas tradicionales, Emma Roberts convirtió su boda en toda una declaración de estilo. Una propuesta que demuestra que, también en los vestidos de novia, la personalidad puede pesar mucho más que las convenciones.