ANTES DE ELABORAR
La diferencia entre las lentejas y otras legumbres está en su tamaño, su piel y su composición. Pero no sólo hay que fijarse en esto a la hora de cocinarlas o ponerlas en remojo, también en cómo cada una afecta a nuestra digestión.
Si alguna vez te has preguntado por qué los garbanzos o las judías tienen que estar horas en remojo mientras que las lentejas se cocinan casi solas, la respuesta está en su tamaño, su piel y su composición.
Las lentejas son un alimento altamente nutritivo que suele comerse como plato principal del mediodía ya que aportan energía suficiente al resto del día. También son ricas en vitamina, en fibra y controlan el azúcar en sangre. En cuanto a su forma, son muy pequeñas y tienen la piel muy fina, por lo que durante la cocción, el agua penetra sin problema alguno en poco tiempo.
Sin embargo otras legumbres más grandes como los garbanzos y las alubias, tienen que pasar horas en remojo para que se hidraten bien y no queden duras. La diferencia no sólo está en el tamaño, también en que poseen fitatos y oligosacáridos, que son unos compuestos que pueden dificultar la digestión y provocar gases, por eso dejarlas en agua durante horas y dejarlas reposar previamente a su cocción, ayuda a reducir estas sustancias.
Aunque las lentejas se ablandan sin necesidad de ponerlas en remojo, dejarlas una hora en agua antes de cocinarlas, puede aportar beneficios adicionales como reducir aún más la presencia de compuestos que afectan a la digestión, además de mejorar su textura y hacer que el sabor sea aún más delicioso.