FILTRUM
El Lip Lift es un tratamiento cada vez más popular que rejuvenece o corrige proporciones, según el caso. Pero también genera muchas dudas: ¿es cirugía? ¿es relleno? ¿Es para todas las edades? Te respondo todas las preguntas como médico especialista en medicina estética.
Es una de las áreas más pequeñas del rostro, pero con un gran impacto visual. El filtrum, esa franja entre la base de la nariz y el labio superior, puede alargarse con el paso del tiempo o ser naturalmente largo desde jóvenes. En ambos casos, afecta a la expresión, al volumen aparente del labio y a la armonía facial.
El objetivo es acortar el filtrum y elevar ligeramente el labio superior, mostrando más del borde rosado. Eso da un aspecto más juvenil y definido, sin necesidad de aumentar el volumen. Pero ese resultado se puede conseguir de dos formas:
1. Lip Lift quirúrgico: resultado permanente
Consiste en retirar una pequeña porción de piel justo debajo de la nariz. Esto eleva el labio y mejora la proporción facial. Ideal para:
Puntos clave:
Por eso, en personas jóvenes se recomienda solo si hay una desproporción real y se comprende bien el resultado a largo plazo.
2. Lip Lift no quirúrgico: resultado reversible
Aquí se utiliza ácido hialurónico para proyectar el labio y crear un efecto óptico de elevación. No acorta el filtrum, pero puede funcionar en determinados casos.
Ventajas:
Limitaciones:
Depende de la anatomía, la edad y las expectativas del paciente.
En personas jóvenes con buena proporción, el relleno puede ser más adecuado. En cambio, si hay un filtrum visiblemente largo (ya sea por genética o envejecimiento) la cirugía ofrece un resultado más natural y duradero.
En pacientes de edad más avanzada, además, la cicatriz quirúrgica suele integrarse mejor, especialmente si se combina con otras técnicas como el lifting facial.
El Lip Lift es más que una tendencia. Es una técnica versátil que puede mejorar la armonía del rostro o devolverle juventud a la expresión. Pero como todo en medicina estética, no hay una fórmula universal.
No se trata solo de elegir entre aguja o bisturí, sino de entender qué necesita tu rostro en este momento, qué cambios realmente aportan equilibrio y cuáles podrían restar naturalidad. Porque al final, no se trata de hacer más, sino de hacer lo justo. Y eso solo se logra con diagnóstico, criterio… y una mirada personalizada.