Geolocalizadores
El boom de los geolocalizadores: seguridad para no perder nada y límites para no vigilarlo todo
El uso de estos dispositivos se ha disparado para localizar maletas, vehículos, niños o personas mayores, pero la ley impide utilizarlos para seguir a otra persona sin su consentimiento.
Cada vez son más pequeños, más baratos y más habituales. Los geolocalizadores han dejado de ser un accesorio tecnológico para convertirse en una herramienta cotidiana. Sirven para encontrar unas llaves, localizar una maleta perdida o recuperar un vehículo robado, pero también se han abierto paso entre las familias que buscan una mayor tranquilidad con niños y personas mayores.
"Ha sido un boom, increíble. Actualmente es una de las cosas que más tenemos", explica Francisco Sánchez, gerente de Aspi Detectives, que asegura que la demanda de estos dispositivos se ha disparado en los últimos años.
Su utilización es cada vez más variada. Empresas que los instalan en vehículos para prevenir robos o controlar rutas, propietarios que los colocan en sus coches para recordar dónde han aparcado o viajeros que los esconden en las maletas para evitar sobresaltos. "Tenemos desde la parte laboral, con los vehículos de empresa, hasta objetos personales, como una llave, un gato o cualquier artículo, por muy pequeño que sea", señala.
Los casos más curiosos tampoco faltan. Sánchez recuerda a una familia que decidió colocar un localizador en el chupete de su bebé después de cansarse de perderlo constantemente. "Querían uno lo más pequeño posible y se lo pusieron en la funda del chupe. Parece irrisorio, pero muchas veces la realidad supera a la ficción", comenta.
Con la llegada del verano, estos dispositivos se convierten además en un aliado para muchas familias. "Sobre todo se utilizan con menores. No es localizarlos, sino tenerlos controlados. Estás en la playa y si el pequeño se despista tienes esa seguridad porque al final dispones de un control exhaustivo a través de una aplicación", explica el detective. También son frecuentes entre personas mayores con problemas de orientación.
Se abre el debate por los límites entre la seguridad y la privacidad
Pero el auge de estos aparatos también ha abierto un debate sobre los límites entre la seguridad y la privacidad. ¿Dónde acaba la protección y empieza la vigilancia? Francisco Sánchez recuerda que la respuesta la marca la ley. "No puede una persona geolocalizar a otra porque le dé la gana, porque estaría incurriendo en un delito", advierte. Para el detective, debe existir un interés legítimo y, en muchos casos, el consentimiento de la persona afectada.
Sí está permitido, en cambio, colocar localizadores en objetos propios. "Si es tu llave o tu vehículo, puedes poner uno o quince localizadores, no hay problema. El problema es cuando el objeto no es de tu propiedad", afirma.
Porque la posibilidad de tenerlo casi todo localizado no significa que todo esté permitido. La tecnología avanza, pero los límites también existen.
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