Borrasca Marta
Calma contenida en el municipio, con vecinos regresando a sus casas y técnicos evaluando viviendas y colegios.
Ubrique empieza, poco a poco, a levantar la cabeza tras varios días marcados por las intensas lluvias y las inundaciones que han puesto en jaque al municipio. La situación, aunque más estable que en jornadas anteriores, sigue siendo delicada y las autoridades mantienen activados los protocolos de vigilancia ante posibles riesgos derivados de la gran cantidad de agua acumulada en el terreno.
Durante la pasada madrugada, el río volvió a comportarse dentro de los niveles habituales y no se produjo ningún desbordamiento, lo que ha permitido que parte de los vecinos que fueron desalojados de manera preventiva hayan regresado a sus hogares. Muchos de ellos, ya han podido volver a ocupar las plantas inferiores de sus viviendas, aunque siempre con recomendaciones de precaución ante cualquier cambio repentino en la situación.
Además, esta tarde, tras una reunión mantenida entre el alcalde, técnicos municipales y arquitectos, se ha confirmado que otros muchos vecinos ya pueden regresar a sus viviendas de forma ordenada y progresiva. El regreso es posible, sobre todo, para quienes residen en la parte alta del municipio, donde la situación es más estable. Sin embargo, otros vecinos tendrán que esperar algo más, ya que el estado de sus viviendas requiere una evaluación más exhaustiva antes de autorizar la vuelta con total seguridad.
Al mismo tiempo, se están revisando los centros educativos del municipio. Desde el Ayuntamiento aseguran que no se tomará ninguna decisión hasta contar con informes técnicos que confirmen que los edificios están en buen estado y no suponen ningún riesgo. La prioridad, insisten, es garantizar la seguridad tanto de los vecinos como del alumnado antes de dar cualquier paso.
A pesar de que el nivel del agua ha descendido y la calma se ha instalado en el casco urbano, la principal preocupación ahora es la inestabilidad del terreno. Las lluvias persistentes han saturado el suelo, lo que incrementa el riesgo de movimientos de tierra, desprendimientos o incluso nuevas crecidas repentinas. Por este motivo, la vigilancia se mantiene muy de cerca, especialmente en las zonas más sensibles.
El temor de los vecinos también se dirige hacia el embalse de Los Hurones, situado a unos cinco kilómetros de Ubrique. Aunque por el momento no se ha producido ningún desbordamiento, existe el temor de que, si continúan las lluvias, el nivel del embalse pueda aumentar de forma peligrosa. Las autoridades aseguran que su evolución está siendo monitorizada de manera constante.
La noche ha dejado además un nuevo episodio que ha incrementado la inquietud: un terremoto de magnitud 3.6 en las cercanías de Ubrique que fue registrado durante la madrugada. Aunque el seísmo no ha provocado daños materiales ni personales, su impacto psicológico ha sido notable en un contexto ya marcado por la fragilidad del terreno. Los expertos recuerdan que, cuando el suelo está saturado de agua, incluso movimientos sísmicos de baja intensidad pueden favorecer deslizamientos o pequeños corrimientos de tierra.
Por el momento, la situación en Ubrique es de calma relativa. El municipio avanza hacia la recuperación tras las inundaciones, pero lo hace con cautela, manteniendo activos los dispositivos de control y apelando a la responsabilidad ciudadana. La vigilancia continúa siendo máxima, con el objetivo de anticiparse a cualquier riesgo de crecidas, desbordamientos o inundaciones que puedan producirse si las condiciones meteorológicas vuelven a empeorar.
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