Huesca
La Guardia Civil ha encontrado el cuerpo sin vida del último montañero desparecido a consecuencia de un nuevo alud en el Pirineo de Huesca
El Pirineo aragonés ha registrado dos aludes en apenas una semana, un hecho que ha vuelto a poner el foco en la inestabilidad del manto nivoso y en la necesidad de extremar las precauciones en la montaña. Ambos episodios se han producido tras varios días consecutivos de nevadas, acompañadas de fuertes vientos y cambios bruscos de temperatura, una combinación especialmente peligrosa para la estabilidad de la nieve.
Según explican los expertos, las intensas precipitaciones en forma de nieve han provocado una acumulación rápida de capas sobre el terreno. Cuando estas capas no tienen tiempo suficiente para asentarse y compactarse, se crea un manto frágil y poco cohesionado. A esta situación se ha sumado la acción del viento, que ha redistribuido la nieve, formando placas duras en determinadas zonas, especialmente en las laderas orientadas a sotavento.
El viento es un factor clave porque puede transportar grandes cantidades de nieve y depositarlas en pendientes pronunciadas, generando placas que, aunque parecen estables a simple vista, pueden romperse con facilidad ante el paso de una persona o por el propio peso acumulado. Estas placas son una de las principales causas de aludes en el Pirineo.
Otro elemento determinante ha sido la variación de temperaturas registrada en los últimos días. Tras episodios de frío intenso, se han producido subidas repentinas del termómetro, lo que debilita la cohesión entre las distintas capas del manto nivoso. Este proceso favorece la aparición de capas débiles en el interior de la nieve, que actúan como superficies de deslizamiento cuando se ejerce presión sobre ellas.
Las pendientes pronunciadas, habituales en el Pirineo aragonés, son especialmente vulnerables en estas circunstancias. En este tipo de laderas, la gravedad actúa con mayor fuerza, aumentando el riesgo de que una fractura en el manto nivoso desencadene un alud. Por este motivo, los especialistas insisten en que el peligro no se limita únicamente a las zonas de alta montaña, sino que puede afectar también a itinerarios frecuentados por montañeros, esquiadores de travesía y excursionistas.
Tras los aludes registrados, las autoridades y los servicios de emergencia han reiterado la importancia de consultar los boletines de peligro de aludes antes de realizar cualquier actividad en la montaña. Estos informes, elaborados a partir de observaciones sobre el terreno y datos meteorológicos, permiten conocer el nivel de riesgo y las zonas más comprometidas.
Además, se recomienda evitar pendientes pronunciadas en días posteriores a fuertes nevadas, prestar atención a señales de inestabilidad, como grietas en la nieve o sonidos huecos, y no subestimar la montaña, incluso cuando las condiciones meteorológicas parecen favorables.
Los dos aludes ocurridos en una sola semana son un recordatorio claro de que en la montaña el riesgo nunca es cero. La nieve, aunque atractiva y esencial para la actividad invernal, puede convertirse en un serio peligro cuando confluyen factores como nevadas abundantes, viento y cambios bruscos de temperatura. La prevención y la información siguen siendo las mejores herramientas para reducir riesgos y evitar accidentes.
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