sociedad Sucesos

Otoño

Por qué los días se acortan tan rápidamente en otoño

¿Por qué los días de verano parecen interminables y, en cambio, en otoño la luz desaparece cada vez antes? La respuesta está en un detalle clave de nuestro planeta.

Paisaje de otoño Pexels

Con la llegada del otoño, algo cambia casi sin que nos demos cuenta, cada día anochece un poco antes y las horas de luz parecen desaparecer a toda velocidad. Pero, ¿por qué ocurre esto? ¿Qué hace que los días se acorten progresivamente mientras avanzamos hacia el invierno? ¡Te lo contamos!

Aunque pueda parecer un cambio repentino, este fenómeno es el resultado de un movimiento constante que ocurre a millones de kilómetros de distancia. La Tierra, en su viaje alrededor del Sol, va cambiando poco a poco la forma en la que recibimos su luz, dando lugar a uno de los fenómenos más visibles de la llegada del otoño.

¿Por qué los días son más cortos en otoño?

En otoño ocurre algo muy concreto: la Tierra está inclinada sobre su eje y, al avanzar hacia el invierno en el hemisferio norte, nuestra zona recibe cada vez menos horas de luz solar. Es decir, los días son más cortos debido a la inclinación del eje de la Tierra y al movimiento de traslación del planeta alrededor del Sol.

Así, cuando el hemisferio norte está inclinado hacia el Sol, disfrutamos de días más largos y más horas de luz. Pero, tras el solsticio de verano, la situación comienza a invertirse: el hemisferio norte se inclina progresivamente en dirección opuesta al Sol, sus rayos llegan de forma más oblicua y el Sol permanece cada día un poco menos de tiempo sobre el horizonte. Es el fenómeno que explica por qué los días se acortan tan rápidamente con la llegada del otoño.

A medida que la Tierra continúa su órbita alrededor del sol los días, gradualmente, se van alargando.

¿Es verdad que la energía decae a principios de otoño?

En realidad el cuerpo no “pierde energía” automáticamente al llegar el otoño, pero algunas personas sí pueden notar más cansancio, sueño o menor vitalidad, especialmente conforme disminuyen las horas de luz.

La luz natural ayuda a regular el ritmo circadiano, que influye en el sueño y la vigilia. Al haber menos exposición a la luz, pueden producirse cambios en la regulación de la melatonina y del ciclo sueño-vigilia, lo que puede favorecer sensación de somnolencia o fatiga.

Además, existe el trastorno afectivo estacional (TAE), relacionado con los cambios de estación y la reducción de luz, cuyos síntomas pueden incluir cansancio, dormir más, menor concentración y bajo estado de ánimo. Pero esto únicamente afecta a una parte de la población.