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AHOGAMIENTOS

Prevenir los ahogamientos en verano: las imprudencias que más vidas cuestan cada año

Los expertos alertan de que la mayoría de los ahogamientos son evitables y recuerdan que respetar las normas, vigilar a los menores y evitar imprudencias puede salvar vidas en playas, piscinas, ríos y embalses.

Imagen de archivo de un socorrista en una playa de Benidorm EFE

Con la llegada del verano y el aumento de los baños en playas, piscinas, ríos y embalses, los expertos insisten en un mensaje claro: la mayoría de los ahogamientos pueden evitarse. Respetar las normas de seguridad, conocer los riesgos del entorno y no confiarse son las principales herramientas para reducir una siniestralidad que cada año deja en España alrededor de 500 personas fallecidas por ahogamiento, entre ellas entre 50 y 60 menores. "En lo que va de 2026, ya hay que lamentar la pérdida de unas 222 vidas, de las que 24 eran niños", explica Chano Quintana, experto en seguridad acuática y presidente de Canarias 1500km de costa.

Los especialistas recuerdan que muchas de estas tragedias tienen un denominador común: las imprudencias. Bañarse con bandera roja, entrar al agua tras consumir alcohol o drogas, hacerlo en zonas sin vigilancia o lanzarse de cabeza sin comprobar la profundidad figuran entre las conductas de mayor riesgo. También es frecuente infravalorar la fuerza del mar, especialmente en playas con oleaje, corrientes o zonas rocosas. "Nos confiamos, pensamos que no me va a pasar a mí, hasta que pasa", explica David Molina, experto en socorrismo.

Otro de los errores habituales es intentar rescatar a una persona sin los conocimientos o medios adecuados. Ante un posible ahogamiento, la recomendación es mantener la calma, llamar inmediatamente al 112 y, si se presta ayuda, hacerlo siempre con un elemento de flotación para evitar convertirse en una segunda víctima.

Los menores, las víctimas silenciosas

La vigilancia de los menores merece una atención especial. Los expertos advierten de que el ahogamiento infantil suele producirse de forma rápida y silenciosa, sin gritos ni llamadas de auxilio. Un bebé puede perder la vida en menos de medio minuto y un niño pequeño en apenas tres minutos. Además, el 90% de los accidentes acuáticos infantiles se relacionan con una falta de supervisión de los adultos, mientras que tres de cada cuatro ahogamientos en piscinas ocurren incluso con otras personas presentes, que confunden la situación con un juego.

Por ello, recomiendan que los adultos permanezcan siempre dentro del agua con los niños y recuerdan que manguitos y flotadores no sustituyen la vigilancia. Estos elementos son juguetes, no dispositivos de salvamento, y pueden generar una falsa sensación de seguridad.

También conviene extremar las precauciones en playas sin servicio de socorrismo, donde un incidente puede tener consecuencias mucho más graves al no existir una respuesta inmediata. Si no queda otra opción que bañarse en estos lugares, los expertos aconsejan no hacerlo nunca en solitario, utilizar elementos de flotación, preguntar por las zonas peligrosas y nadar siempre en paralelo a la orilla si aparece una corriente.

La prevención pasa, en definitiva, por decisiones sencillas: respetar la señalización, conocer el estado del mar, evitar conductas de riesgo y mantener una vigilancia constante sobre los menores. Unas pautas básicas que pueden marcar la diferencia entre disfrutar de un día de playa o piscina y sufrir un accidente con consecuencias irreversibles.

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