Exclusión social
Un tercio de los excluidos severos son menores y más de 2 millones de jóvenes viven atrapados en la precariedad.
Es un panorama insólito en España: el país vive un proceso inédito de fragmentación social, con una clase media en retroceso y una de las tasas de desigualdad más altas de Europa. Es la conclusión extraída del Informe FOESSA sobre Exclusión y Desarrollo Social en España, elaborado por 140 investigadores de 51 universidades y entidades sociales.
La integración social se erosiona y la exclusión grave permanece muy por encima de los niveles de 2007. La exclusión severa afecta ya a 4,3 millones de personas, un 52% más que antes de la crisis de 2008. “No fallan las personas, falla el sistema”, señala Raúl Flores, coordinador del informe.
El análisis identifica dos grandes motores de la exclusión: la vivienda y el empleo. El 45% de quienes viven de alquiler está en riesgo de pobreza, mientras que la precariedad laboral afecta a casi la mitad de la población activa (47,5%). A ello se suman otros factores como la educación, la salud, el origen familiar y la soledad, que multiplican las desigualdades.
El informe advierte que la educación secundaria obligatoria ya no protege frente a la pobreza: solo quienes alcanzan el Bachillerato o la Formación Profesional (FP) logran mantener cierta estabilidad. Además, la exclusión crece entre mujeres y familias monoparentales (29%) y entre la población inmigrante en situación irregular, donde alcanza el 68%.
La infancia y la juventud son los grandes perdedores del modelo actual. Un tercio de los excluidos severos son menores, y 2,5 millones de jóvenes viven atrapados en la precariedad, enfrentando tasas de temporalidad, parcialidad involuntaria y salarios bajos que duplican la media española.
FOESSA también alerta sobre un país “ecológicamente vulnerable, anímicamente desasosegado y socialmente desgarrado”. La huella ecológica española triplica la capacidad del territorio, esto es, si todo el mundo viviera como lo hace la población en España, necesitaríamos el equivalente a 2,5 planetas.
Por ello, Cáritas asegura que es esencial un cambio radical de paradigma, basado en la interdependencia, la ecodependencia y el cuidado mutuo. Frente a la “sociedad del miedo”, la organización propone avanzar hacia una “democracia del cuidado” que sitúe la justicia social y el bien común en el centro del proyecto colectivo.
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