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Narcopisos

La condena de convivir con un narcopiso: "Si me denuncias, iré a la cárcel, pero fuera queda mi familia para matar a los chivatos"

La Policía Nacional desmanteló 125 puntos de droga en Galicia en 2025, pero muchos vecinos siguen atrapados en edificios tomados por el menudeo y las amenazas de muerte.

"Que llamen a la policía, que yo me voy a la cárcel. Fuera queda mi familia para ir a matar a los chivatos. Si mis hijos pasan miedo, los vuestros también".

La amenaza la lanzó la inquilina de un piso señalado como narcopiso en la zona norte de Santiago de Compostela contra una vecina que había pedido más presencia policial. No es una amenaza aislada, es el retrato de la condena diaria que viven muchos residentes en Galicia cuando la venta de droga se instala en su rellano.

La Policía Nacional cerró en 2025 un total de 125 puntos negros de droga en Galicia, uno cada tres días, con cientos de detenidos y kilos de estupefacientes incautados. Pero en muchos portales, el problema persiste. El narcopiso se cronifica, se traslada de vivienda en vivienda o reaparece mientras los vecinos siguen atrapados.

En el barrio de Vista Alegre de la capital de Galicia, Santiago de Compostela (A Coruña), es fácil detectar uno. Solo hay que pasarse unas horas en el edifico. El piso funciona, según los residentes, desde hace casi dos años. Al principio la venta se hacía en la calle. Ahora, en el interior. "Entran a cualquier hora, llaman al telefonillo, suben al piso. Hay un trasiego constante", relata una vecina y lo comprobamos. "El olor cuando cocinan cocaína y fuman marihuana es insoportable, llega a mi casa", añade.

En el bloque hay niños. "Mi hija está aterrorizada. Tengo que acompañarla al colegio. No baja sola las escaleras", explica esta vecina. De madrugada suena el timbre, aparecen consumidores con síndrome de abstinencia y se repiten los altercados. "Esto no es vida".

El propietario del inmueble ha iniciado el desahucio por impago. Los inquilinos son morosos y están denunciados. El proceso judicial sigue su curso, pero mientras tanto el narcopiso continúa activo. "El dueño está destrozado. Nosotros también", resume.

Tras llamar a la Policía Nacional para pedir presencia en el barrio, la vecina recibió amenazas de represalias. "Me dijeron que iban a quemar coches y puertas, que me iban a hacer daño a mí y a mi familia", cuenta. "Te dicen que se irán a la cárcel, pero que fuera queda su gente. Y tú te quedas aterrado esperando a que pase algo".

Los vecinos se sienten desprotegidos y denuncian que en el propio narcopiso hay menores conviviendo con la venta de droga. Reclaman más presencia policial continuada, coordinación con servicios sociales y mecanismos más rápidos para cerrar pisos de venta cuando hay amenazas graves.

Esta situación se repite en otras zonas de Galicia

Lo que ocurre en este bloque de Santiago se repite en otros barrios de Galicia. Comunidades de propietarios de A Coruña, Vigo, Ferrol, Ourense o Lugo describen el mismo patrón: pisos convertidos en puntos de venta, intimidación a quien denuncia, degradación del entorno y desalojos que se eternizan.

"¿Tenemos que irnos de nuestra casa para estar a salvo?", se pregunta esta vecina. Y se emociona. "No. Queremos vivir sin miedo".

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