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Incendios

Mercedes Martín explica cómo se comporta un incendio: el fenómeno que hace que el fuego se retroalimente

La combinación de sequía, viento y acumulación de vegetación favorece que el fuego genere su propia dinámica y resulte más difícil de controlar.

Los grandes incendios forestales no dependen únicamente de las temperaturas extremas para avanzar. Aunque el ambiente se refresque, las llamas pueden mantener una elevada intensidad e incluso modificar su propio comportamiento debido a las condiciones que se generan durante el incendio. La acumulación de vegetación seca, la falta de limpieza de los montes y el viento son algunos de los factores que favorecen que estos episodios se conviertan en fuegos de gran magnitud y muy complicados de extinguir.

Según explica la meteoróloga Mercedes Martín, la evolución de un incendio no siempre está ligada a la temperatura exterior. Una vez alcanza determinadas dimensiones, el propio fuego puede crear una dinámica que alimenta su propagación.

El fuego genera su propio comportamiento

La extrema sequedad del terreno y la gran cantidad de pasto actúan como combustible, lo que facilita que las llamas avancen con rapidez. En el frente del incendio, la temperatura puede superar los 1.000 grados, generando una enorme columna de aire caliente y humo.

Ese aire asciende con fuerza y provoca un efecto de succión que atrae más oxígeno hacia la base del incendio. Como consecuencia, las llamas se alimentan continuamente y pueden intensificarse, además de provocar cambios repentinos en la dirección y velocidad del viento.

Este proceso explica por qué algunos incendios mantienen una gran virulencia incluso cuando descienden las temperaturas o mejoran parcialmente las condiciones meteorológicas. La propia energía liberada por el fuego es capaz de alterar el entorno y dificultar las labores de extinción.

La previsión, clave para la evolución del incendio

Las próximas horas serán determinantes para conocer la evolución de los principales incendios activos, ya que las condiciones meteorológicas seguirán desempeñando un papel decisivo en los trabajos de extinción.

Uno de los focos que continúa bajo vigilancia es el incendio de Guadalajara. Aunque su evolución apunta hacia una progresiva estabilización, el fuego ya ha calcinado unas 32.000 hectáreas y se ha convertido en el segundo incendio forestal más extenso registrado en España desde que existen datos.

Los especialistas insisten en que la evolución de estos grandes incendios depende tanto de la meteorología como del comportamiento que el propio fuego desarrolla durante su avance, una circunstancia que obliga a adaptar de forma constante las estrategias de extinción y protección de la población.

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