Salud

Cáncer de colon

Un estudio español revela cómo el agua del grifo puede aumentar el riesgo de cáncer en algunas personas

La investigación, publicada en Environment International, demuestra por primera vez que ciertos compuestos derivados de la cloración del agua interactúan con el ADN y pueden influir en el desarrollo del cáncer colorrectal.

Agua del grifoPixabay

Un equipo multidisciplinar de investigadores españoles ha identificado por primera vez variantes genéticas que pueden aumentar la susceptibilidad al cáncer colorrectal en personas expuestas durante años a trihalometanos, unos compuestos químicos que se generan durante el proceso de desinfección del agua potable. El hallazgo supone un avance relevante en la comprensión de cómo factores ambientales cotidianos pueden interactuar con el genoma humano y modular el riesgo de desarrollar tumores.

El trabajo, que acaba de publicarse en la revista científica Environment International, ha contado con la participación del Grupo de Investigación en Interacciones Gen-Ambiente y Salud (GIIGAS) del Instituto de Biomedicina de la Universidad de León (IBIOMED). El estudio analiza de forma pionera la interacción entre la exposición prolongada a subproductos de la cloración del agua y determinadas variantes genéticas.

Trihalometanos: una exposición silenciosa y prolongada

Los trihalometanos (THM) se forman cuando el cloro utilizado para desinfectar el agua reacciona con la materia orgánica presente en ella. Estos compuestos pueden encontrarse en mayor o menor medida en los suministros de agua de numerosos municipios, tal y como indica el estudio, y su presencia depende de factores como la fuente del agua o el tratamiento aplicado.

La investigación se enmarca en el proyecto epidemiológico MCC-Spain y se basa en datos de 3.137 personas de nueve provincias españolas. De ellas, 1.037 habían sido diagnosticadas de cáncer colorrectal y 2.100 eran controles sanos. Para evaluar la exposición, los investigadores reconstruyeron los niveles de trihalometanos en el agua desde los 18 años de edad hasta dos años antes de la entrevista, lo que permitió estimar la exposición a largo plazo tanto del total de THM como de sus principales componentes: el cloroformo y las formas bromadas.

Aunque ninguno de los participantes superó los límites establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para los compuestos individuales, los datos revelaron una diferencia significativa: el 22% de los pacientes con cáncer colorrectal había vivido en zonas donde la suma total de trihalometanos superaba las recomendaciones internacionales, frente al 8,5% de los controles sanos.

La costa este, con los niveles más elevados

Los niveles más altos de trihalometanos se concentraron especialmente en la costa este de España, una zona donde históricamente se han registrado valores más elevados de estos compuestos en el agua potable. Este contexto ambiental sirvió de base para analizar cómo la exposición prolongada podía interactuar con el perfil genético de cada individuo.

Gracias a un análisis exhaustivo de más de 5,7 millones de marcadores genéticos, el equipo identificó tres variantes que modifican el efecto de la exposición a los trihalometanos sobre el riesgo de cáncer colorrectal. Además, se detectaron variantes con efectos específicos en mujeres y en casos de cáncer de recto, lo que apunta a que la interacción entre genética y contaminantes del agua es "más compleja de lo que se pensaba", según concluye el estudio.

Más allá del ADN: implicaciones biológicas y sanitarias

Los investigadores también analizaron si estas variantes genéticas influían en la expresión de otros genes. Uno de los hallazgos más relevantes fue la implicación del gen CCL2, relacionado con procesos inflamatorios. En las personas portadoras de una variante asociada a una mayor expresión de este gen, la exposición elevada a trihalometanos se tradujo en un incremento aún mayor del riesgo de cáncer colorrectal.

La combinación de inflamación crónica, estrés celular y exposición ambiental prolongada podría explicar, al menos en parte, el aumento de riesgo observado. No obstante, los autores subrayan que los resultados deben confirmarse en otras poblaciones y que todavía no existe un mecanismo biológico definitivo que explique cada una de las interacciones detectadas.

Un avance clave en la investigación ambiental

Pese a estas cautelas, el estudio representa un avance significativo: por primera vez, una investigación a escala genómica demuestra que los subproductos de la desinfección del agua potable pueden interactuar con el ADN humano y modular el riesgo de desarrollar cáncer.

Los investigadores recuerdan que el agua potable en España es segura y cumple con la normativa vigente, pero insisten en la importancia de seguir controlando los niveles de trihalometanos y de estudiar su impacto a largo plazo en la salud pública. Comprender cómo la genética y el entorno se influyen mutuamente podría ser clave para diseñar estrategias de prevención más personalizadas en el futuro.

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