Salud
El trastorno límite de la personalidad es un trastorno mental grave que afecta a la regulación emocional, las relaciones personales y la construcción de la identidad.
Un equipo de investigadores del Vall d’Hebron Institut de Recerca y de FIDMAG Germanes Hospitalàries Research Foundation ha identificado cambios estructurales y funcionales en el cerebro de adolescentes con Trastorno Límite de la Personalidad (TLP).
El estudio, publicado en varias revistas científicas internacionales, aporta nuevas pistas sobre cómo se desarrolla este trastorno desde edades tempranas y refuerza la idea de que sus bases neurobiológicas pueden detectarse ya durante la adolescencia.
El Trastorno Límite de la Personalidad se caracteriza por una gran inestabilidad emocional, impulsividad y dificultades para gestionar las relaciones con los demás. Aunque históricamente se había investigado sobre todo en adultos, cada vez existen más evidencias de que los primeros síntomas aparecen antes, en plena adolescencia.
Para profundizar en esta etapa inicial, los investigadores analizaron mediante técnicas avanzadas de resonancia magnética el cerebro de adolescentes diagnosticados con TLP y lo compararon con el de jóvenes sanos de la misma edad. En muchos casos, además, los participantes no habían recibido medicación ni presentaban otros trastornos psiquiátricos, lo que permitió estudiar de forma más precisa los cambios asociados al TLP.
Uno de los hallazgos más relevantes fue la reducción de volumen de sustancia gris en una zona del cerebro relacionada con la comprensión de las emociones e intenciones de otras personas. También se detectaron alteraciones en redes cerebrales vinculadas con la identidad personal, la regulación emocional y el control de impulsos.
“El objetivo es entender qué ocurre en el cerebro en las fases iniciales del trastorno”, explica Marc Ferrer, investigador principal del proyecto. Según los expertos, estas alteraciones podrían ayudar a explicar algunas de las principales dificultades que presentan los pacientes con TLP, especialmente en la gestión emocional y las relaciones sociales.
La investigación forma parte de un seguimiento a largo plazo que permitirá estudiar cómo evolucionan estos cambios cerebrales con el tiempo. Los especialistas consideran que este tipo de estudios puede abrir la puerta a diagnósticos más precoces y a tratamientos cada vez más personalizados para los adolescentes con este trastorno.
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