Cáncer
El estudio, publicado en la prestigiosa revista Science, confirma a los llamados "genes saltarines" como causa de la aparición de algunos tipos de tumores. Esto podría permitir su detección incluso diez años antes del diagnóstico.
Es un paso de gigante. Todavía en una fase muy primitiva y con un inmenso camino por delante, pero un camino que hoy es un poquito más corto. ¿Estamos un paso más cerca?, pregunto a José Tubío, coordinador de esta investigación. "Estamos un paso más cerca", confirma.
Con todas las cautelas, la investigación que este equipo acaba de publicar en la revista Science, una de las de mayor impacto científico mundial, abre la puerta a futuras vías de investigación para desarrollar nuevas terapias en los estados iniciales de la enfermedad. Una luz más, un nuevo halo de esperanza.
Este equipo internacional, liderado por José Tubío, investigador del Centro de Investigación en Medicina Molecular y Enfermedades Crónicas (CiMUS) de la Universidad de Santiago de Compostela (USC), ha descubierto un mecanismo hasta ahora desconocido por el que ciertas piezas móviles del ADN humano, los llamados "genes saltarines", pueden provocar mutaciones que generen tumores. El estudio confirma que estos elementos móviles pueden contribuir al origen y la progresión del cáncer humano, abriendo nuevas vías de investigación sobre futuros tratamientos.
"Tenemos muy claro que, para poder vencer al cáncer como enfermedad, hay que conocer todos los mecanismos que el cáncer utiliza para evolucionar; este es un mecanismo más", explica Tubío. Una manera de comportarse que está presente en ciertos tipos tumorales de algunos cánceres, como el de esófago, el de cabeza y cuello, el de pulmón y el colorrectal.
Lo que ha permitido esta investigación es datar cuándo ocurren esos "saltos de genes", ese momento en el que se producen estas mutaciones. Esto ha constatado que una gran parte tiene lugar en los estados iniciales de la enfermedad.
"Lo que vemos es que este mecanismo puede ocurrir seis o diez años incluso antes del diagnóstico de un tumor, lo que pone de manifiesto que se podría, al menos teóricamente y en conjunción con otras técnicas, ayudar a detectar un tumor antes de que ocurra". José Tubío quiere ser cauteloso, poco a poco. "Es algo teórico, que todavía está lejos, pero no es descabellado pensarlo".
En este trabajo han colaborado diferentes instituciones nacionales, incluido el Centro de Regulación Genómica de Barcelona (CRG), e internacionales (la Universidad Côte d’Azur de Francia, el The Francis Crick Institute del Reino Unido y el MD Anderson Cancer Center de EE. UU.).
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