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Alergia al polen: síntomas y consejos para tratarla

Con la llegada de la primavera, muchas personas empiezan a notar molestias respiratorias y oculares que dificultan su día a día. En muchos casos, el responsable es el polen, uno de los desencadenantes más comunes de las alergias respiratorias.

Alergia al polenPixabay

La alergia es una reacción del sistema inmunitario ante sustancias externas que, en realidad, no deberían resultar peligrosas. En las personas alérgicas, el organismo interpreta ciertos elementos del ambiente como una amenaza y responde generando anticuerpos del tipo IgE, que desencadenan los síntomas característicos.

Entre los alérgenos más habituales se encuentran los pólenes, los ácaros del polvo, los epitelios de animales o algunos hongos. En el caso concreto de la alergia al polen, el problema aparece cuando el sistema inmunitario reacciona frente a los diminutos granos que liberan algunas plantas para reproducirse.

Aunque a simple vista pasan desapercibidos, estos granos microscópicos pueden permanecer suspendidos en el aire y ser inhalados con facilidad. En España existen más de una decena de tipos de polen capaces de provocar alergia, entre los que destacan los de gramíneas, olivo, arizónica, plátano de sombra, salsola o parietaria.

Por qué surge la alergia, qué lo provoca

La presencia de estos pólenes depende mucho de la zona geográfica y de las condiciones meteorológicas. Por ejemplo, los días secos, soleados y con viento suelen concentrar mayor cantidad de polen en el ambiente, mientras que la lluvia y la humedad ayudan a reducirlo al depositarlo en el suelo.

También conviene aclarar un error frecuente: la pelusa blanca que aparece en muchas ciudades en primavera no es la responsable de la alergia. Aunque resulta muy visible, no suele provocar reacciones alérgicas. Los síntomas que aparecen en esa época suelen estar causados por el polen de gramíneas, que es prácticamente invisible.

Síntomas más habituales de la alergia al polen

Las personas sensibles al polen suelen experimentar síntomas respiratorios y oculares, especialmente cuando pasan tiempo al aire libre durante la época de polinización.

Entre las molestias más comunes se encuentran:

  • Estornudos repetidos
  • Goteo nasal y mucosidad clara
  • Picor en nariz y ojos
  • Congestión o taponamiento nasal
  • Ojos rojos y lagrimeo
  • Tos seca

En algunos casos, la reacción puede ir más allá de la rinitis o la conjuntivitis y derivar en asma alérgica, que se manifiesta con dificultad para respirar o con un leve silbido al hacerlo.

A menudo estos síntomas se confunden con un resfriado común, pero existen algunas diferencias importantes. En la alergia no suele haber fiebre y la tos suele ser seca, mientras que los catarros pueden acompañarse de fiebre, malestar general o expectoración.

Otro indicio relevante es el patrón temporal. Si las molestias aparecen siempre en la misma época del año o empeoran en días soleados y ventosos, es bastante probable que el origen sea una alergia al polen.

Cómo se diagnostica y qué tratamientos existen

Ante síntomas persistentes o repetitivos, lo más recomendable es acudir a un profesional sanitario. El diagnóstico suele basarse en la historia clínica del paciente y en pruebas específicas, como test cutáneos o análisis que permiten identificar los alérgenos responsables.

Además del tratamiento médico, algunas medidas sencillas pueden ayudar a reducir la exposición al polen:

  • Evitar abrir las ventanas al amanecer y al anochecer, cuando la concentración suele ser mayor.
  • Cambiarse de ropa al llegar a casa tras pasar tiempo en la calle.
  • Tender la ropa en el interior para evitar que se impregne de polen.
  • Utilizar gafas de sol o filtros antipolen en el coche y en el aire acondicionado.

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