VENEZUELA
El diplomático analiza la situación actual en Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro y los próximos pasos que podría dar Delcy Rodríguez. "Es evidente que el corsé de EEUU al Gobierno venezolano no es de su gusto y hará lo posible por encontrar huecos", asegura. También valora qué posición debe mantener la Unión Europea ante la política agresiva de Donald Trump y sus amenazas sobre Groenlandia: "Hay que seguir defendiendo el orden internacional que todavía tenemos, aunque con modificaciones".
La intervención de Estados Unidos en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro hace una semana ha desatado la incertidumbre en todo el mundo. Nadie se atreve a predecir cuáles serán los próximos pasos de Donald Trump ni cómo se reconfigurará el orden mundial tras esta trascendental decisión que ignora la legalidad internacional. Tampoco si sus últimas amenazas sobre Groenlandia o Colombia se quedarán en meras palabras o irán a más.
Para entender mejor qué ocurrirá en Venezuela a partir de ahora, qué papel puede jugar María Corina Machado y qué posiciones deben adoptar el resto de actores en el tablero geopolítico mundial, en Antena 3 Noticias entrevistamos a Ramón Santos, embajador de España en Venezuela entre 2021 y 2024.
PREGUNTA: ¿Se puede interpretar la reciente liberación de los presos políticos como un guiño a la oposición venezolana?
RESPUESTA: Sí, es un guiño del gobierno venezolano a la sociedad venezolana, y quizá también a la oposición, dependiendo del alcance de la medida. Por otra parte, hay que suponer que quien está detrás de esa decisión es el gobierno de EE.UU., que está haciendo guiños a la oposición, a quien ha descartado a pesar de haber ganado las elecciones legítimamente, y hacia su electorado latino en Texas, Florida o California. De este modo les dice que la intervención no va solo de economía, que hay algo más, y que es lo que estaban reclamando estos electorados.
P: ¿La elección de Delcy Rodríguez para encabezar este proceso la consolida o la debilita dentro del régimen?
R: Hay que tener en cuenta que la decisión de EE.UU. de poner a Delcy Rodríguez al frente del Estado respeta el orden sucesorio que prevé la Constitución cuando falta el presidente. Cuando el Tribunal Supremo encarga a Delcy Rodríguez que asuma la presidencia, lo hace en referencia al artículo 234 de la Constitución, que prevé la ausencia temporal del presidente. Si hubiese considerado la ausencia absoluta, Delcy Rodríguez tendría 30 días para convocar elecciones. Pero esto le da a la presidenta encargada 90 días, prorrogables por otros 90 días por la Asamblea Nacional. Y luego, la Asamblea podría declarar la ausencia absoluta del presidente y habría otros 30 más para convocar elecciones.
"Parece que Delcy Rodríguez era una persona ya conocida por los altos funcionarios norteamericanos".
Así, sin salirnos de la constitucionalidad, el gobierno actual chavista dispone de más de medio año para marcar la dirección de la política en Venezuela. Mientras nos mantengamos en estas previsiones constitucionales, la posición de Delcy se consolida. Después de ese periodo, ya veremos si va a ser una figura que dé continuidad al chavismo bajo la tutela de EE.UU., lo cual suena muy raro, o si va a dar pie a un proceso de transformación del régimen, lo iremos viendo con las decisiones que el Gobierno vaya tomando las próximas semanas.
Hay una tercera posibilidad: enfrentamiento interno de las diversas facciones del chavismo que ahora están unidas. Esa hipotética situación conduciría a un empeoramiento de la situación actual.
P: ¿Tenía Delcy Rodríguez relaciones previas con Estados Unidos?
R: Es a lo que apunta la decisión tomada y las informaciones que vienen de antiguo de que Delcy mantiene comunicación con autoridades norteamericanas de hace años. Parece que era una persona que ya era conocida por los altos funcionarios norteamericanos.
P: ¿Comparte el diagnóstico de Trump de que María Corina Machado no cuenta con suficiente popularidad para ser presidenta?
R: María Corina Machado pasó de representar una oposición minoritaria y radical al régimen chavista a literalmente comerse a toda la oposición venezolana. Como fenómeno de sociología política es muy interesante. Barrió en las primarias y después barrió en las presidenciales a través de su candidato interpuesto, Edmundo González. No hay razones para pensar que ese nivel de popularidad haya cambiado y menos después de la concesión del Nobel de la Paz.
Le sobra apoyo popular pero le falta capacidad para controlar las instituciones del Estado, que siguen todas en manos del chavismo. Eso es muy difícil de cambiar sin una sublevación interior o una intervención exterior. En el momento actual, las figuras de María Corina Machado y Edmundo González constituyen un símbolo muy potente de la voluntad que el pueblo venezolano expresó en las elecciones presidenciales de 2024, pero no podemos trazar una línea de continuidad entre las elecciones presidenciales robadas por el chavismo en 2024 y la intervención de EE.UU. capturando a Maduro. La intervención norteamericana no ha estado dirigida por el propósito de restituir la legalidad y legitimidad en Venezuela.
P: ¿Cuáles cree que serán los próximos pasos del Gobierno venezolano?
R: La situación es muy frágil y es susceptible de cambios repentinos. Trump dijo que gobernaría Venezuela pero, ¿cómo lo va a hacer sin tropas en el terreno? Lo hace con la amenaza latente de volver a atacar, y lo ejemplifica con la captura de barcos petroleros de la llamada "flota oscura", pero hay que ver cuán intrusiva va a seguir siendo esa intervención. Al mismo tiempo, Delcy Rodríguez ha reivindicado su independencia en la toma de decisiones. Es evidente que el corsé de EE.UU. al Gobierno venezolano no es de su gusto y hará lo posible por encontrar huecos que le permitan deshacerse de él. Las decisiones que tome el gobierno venezolano en las próximas semanas algo nos dirán sobre su grado de autonomía. Y esas decisiones pueden influir en su cohesión interna.
P: ¿Cómo cambian ahora las relaciones entre Venezuela y Rusia tras la captura de los petroleros?
R: Las sanciones pesan sobre Venezuela, pero se captura un barco ruso con petróleo venezolano. La acción norteamericana seguramente viole la legalidad internacional que protege la libre navegación en alta mar y probablemente también favorezca la adopción de represalias. Rusia no ha anunciado represalias, por el momento. Pero inevitablemente esta acción debilita las relaciones comerciales entre Venezuela y Rusia. Hay que suponer que las empresas rusas irán con mucho cuidado para aventurarse en el transporte del petróleo venezolano o buscarán vías alternativas para hacer lo que venían haciendo.
P: ¿Y para el comercio internacional?
R: Es un elemento de desorden que hace preguntarse qué limites hay que poner a la imposición unilateral de sanciones y crea dudas sobre las normas tradicionales de navegación establecidas en los convenios internacionales. Si pensamos que tres países como Rusia, Irán y Venezuela, muy importantes en la producción de petróleo, están sometidos a sanciones y las están esquivando a través de la flota oscura, repetición de estos episodios de captura desincentivaría este tipo de operaciones y haría buscar rutas alternativas.
P: ¿Afectará a las compañías españolas?
R: España tiene a Repsol, que ha logrado mantenerse en el país y mantuvo sus operaciones a través de licencias de EE.UU, como hicieron otras compañías europeas. Habrá que ver cómo se posiciona la compañía españolas después de este maremoto en la política venezolana y la decisión de EE.UU. de controlar todas las exportaciones de petróleo.
P: ¿Cómo impacta en América Latina esta acción de Donald Trump?
R: La acción de Trump es un quebrantamiento directo de lo que yo diría que es el principio sacrosanto de la carta de Naciones Unidas, que es prohibir el uso de la fuerza contra la integridad territorial de un estado y su independencia política. Trump ha pasado de las palabras a los hechos y esto tiene que infundir un lógico temor y alarma en otros países del hemisferio. Si lo ponemos en el contexto de la nueva doctrina de seguridad de EE.UU., que retoma la idea del hemisferio occidental como zona de influencia exclusiva norteamericana, está más que justificada la alarma en los países de América Latina, sobre todo en aquellos que se están enfrentando a EE.UU., como México, Colombia, Cuba o Venezuela.
P: ¿Puede España jugar un papel relevante en este proceso que se abre ahora en Venezuela?
R: En estos momentos no hay sitio para nadie. La intervención de EE.UU. ha sido tan abrumadora que todo está dominado por ellos, pero a medida que pase el tiempo y si el país se encamina hacia una transición, es posible que se abran espacios que requieran de una facilitación del diálogo en los que la presencia de España pudiera ser útil y bienvenida por las distintas partes.
P: ¿Y en concreto el expresidente Zapatero?
R: Como acaba de comprobarse en la liberación de los presos políticos, el expresidente Zapatero tiene interlocución e influencia dentro del gobierno venezolano. Y creo que conserva también interlocución e influencia con varias fuerzas políticas de la oposición, aunque no con todas. Además, en el pasado facilitó el diálogo en Venezuela, como ocurrió con la mesa de diálogo que se reunió en santo domingo en 2017. De manera que el ex presidente puede ser un activo si se dan las condiciones para entrar en un proceso de transición.
P: ¿Debemos acostumbrarnos al enfoque transaccional de la nueva geopolítica liderada por Donald Trump?
R: Tenemos que oponernos a ese enfoque que significa, en la práctica, hacer borrón y cuenta nueva del orden internacional que nos ha regido desde hace 80 años. Con todos sus defectos, es el más evolucionado, el más civilizado y el más inclusivo que el mundo ha tenido en toda su historia.
El enfoque de Trump significa una vuelta atrás, un retroceso al estado de naturaleza del que hablaba Hobbes: un estado de guerra de todos contra todos donde impera la ley del más fuerte. Hay que resistirse a eso, hay que seguir defendiendo el orden que todavía tenemos, aunque con modificaciones. Sin duda lleva la impronta de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial y el mundo ha cambiado mucho desde entonces.
"Si Dinamarca es presionado al límite, tendrán que preguntar a los groenlandeses"
P: ¿Cómo debe actuar Europa ahora?
R: El papel de Europa debe ser defender ese orden y aceptar que habrá que introducir modificaciones, aunque signifique sacrificios para algunos de los países europeos. Si la UE consigue mantenerse unida y no capota en esta galerna que ha desencadenado la política internacional de Trump, las posibilidades de resistir son grandes. Al final, el horizonte de Trump dura tres años.
La UE está jugando a nadar entre dos aguas. Es muy difícil oponerse a Trump por el carácter y las demostraciones de avasallamiento que ya ha hecho. Por otra parte, EE.UU. es el principal aliado de la UE y el que proporciona seguridad a los estados miembros a través de la OTAN. También cuesta encontrar el tono adecuado para manejar las situaciones de violación del orden internacional que está creando. A medida que Trump radicalice sus posturas, los europeos tendrán que considerar si no es mejor oponerse más frontalmente a lo que nos viene.
P: ¿Tendrá Dinamarca que vender Groenlandia?
R: La amenaza a Groenlandia enlaza con la nueva política trumpista, pero también con la tradición norteamericana. En torno a la tercera parte del territorio de EE.UU. ha sido objeto de compra. La última fue precisamente la compra a Dinamarca de las Islas Vírgenes.
Ahora estamos en una situación diferente, Groenlandia es un territorio autónomo con una ley de autogobierno que le da explícitamente el derecho a autodeterminarse de acuerdo con la carta de la ONU. Si Dinamarca es presionada al límite, antes que tomar ninguna decisión de venta, tendrá que preguntar a los groenlandeses qué quieren. Si contestan que sí, senda libre para EEUU. Pero si dijeran que no, me parece inconcebible que Dinamarca venda o que EE.UU. invada. Sería un escenario de pesadilla que supondría volar la OTAN por los aires y declararle la guerra a un país europeo. No creo que veamos eso.
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