SE VUELVE VIRAL

'Querido marido', la carta de una mujer que pide ayuda desesperada a su marido para que colabore en casa

En la carta, Celeste Erlach le relata a su marido cómo son sus días: se encarga de vestir a los niños, hacer la comida para toda la familia, limpiar la casa y trabajar, entre otras tareas. Mientras, su marido no es capaz de aguantar una hora cuidando del bebé para que ella pueda irse un día a la cama pronto. Por ello, le pide ayuda a través de una carta en la que le dice que le necesita para poder hacerlo.

Celeste Erlach ha triunfado en las redes sociales tras escribir una carta titulada 'Querido marido'. En su texto, Erlach lamenta que mientras ella tenía que limitarse a dormir cinco horas para poder llevar la casa y los niños, su marido no ayudaba.

En la carta señala que aunque su marido es un padre increíble, ella tiene que encargarse de vestir a los niños, darles de comer, mantener limpia la casa y hacer otras muchas tareas para las que necesitaba su ayuda. Relata además un episodio en el que pidió a su marido un poco de ayuda para poder irse a la cama pronto pero él no aguantó cuidando del bebé.

Esta es una historia que puede resultar común para millones de madres en el mundo, que en silencio, asumen todas las tareas del hogar además de desarrollar su carrera profesional fuera de casa.

Por ello, la carta de Celeste Erlach ha tenido tan buena acogida y ha recibido miles de comentarios de mujeres que se sienten identificadas con su situación.

El texto hace referencia a esa carga mental que asumen las mujeres, algo de lo que se habla poco en las parejas. No se trata solo de hacer las tareas, sino de tenerlo todo organizado en tu cabeza.

Muchas mujeres tienen que recordar qué falta en la nevera, las citas médicas de los niños, la colada y otras miles de tareas. El problema no es que los hombres no hagan las tareas, dicen, pues cuando se lo pides las acaban realizando. El problema viene cuando tienes que recordarle al hombre lo que debe hacer. Eso es lo que realmente supone una carga mental para la mujer.

Aquí puedes leer la carta completa de Celeste Erlach a su marido.

Querido marido,

Necesito más ayuda.

La otra noche fue duro para ti. Te pedí que vigilaras al bebé para poder ir a la campa pronto. El bebé estaba llorando mucho. Le podía oír desde arriba, lo que provocó un nudo en mi estómago al preguntarme si debía bajar para hacerte el relevo o si debería cerrar la puerta para poder dormir. Decidí hacer lo segundo.

Entonces, 20 minutos más tarde viniste a la habitación con el bebé llorando frenéticamente. Dejaste al bebé en la cuna y cuidadosamente la empujaste más cerca de mi lado de la cama, un claro gesto de que habías terminado de cuidarle.

Quise gritarte. Quise comenzar una pelea épica en ese momento. Estuve todo el día cuidando del bebé. Iba a despertarme para darle de comer por la noche. Lo menos que puedes hacer es cuidarlo un par de horas para que pueda intentar dormir. Solo unas horas de preciado sueño. ¿Es mucho pedir?

Sé que ambos vimos a nuestros padres cumplir los papeles típicos de madre y padre cuando crecimos. Nuestras dos madres eran nuestras principales cuidadoras y nuestros padres estaban relativamente alejados. Eran padres excelentes, pero no se esperaba que pasaran una cantidad significativa de tiempo cambiando pañales, alimentando, cuidando y atendiendo a los niños. Nuestras madres fueron las súper mujeres que mantuvieron la dinámica familiar. Cocinar, limpiar y criar a los niños. Cualquier ayuda de papá era bienvenida, pero inesperada.

Siento que caemos cada día más en las mismas dinámicas familiares. Mi responsabilidad de alimentar a la familia, mantener la casa limpia y cuidar de los niños es asumida incluso cuando vuelvo del trabajo. Yo también me culpo por la mayoría de todo esto. He sentado el precedente de que puedo hacerlo y en verdad quiero hacerlo. No te ofendas, pero no estoy seguro de querer saber cómo sería una semana de cena contigo al cargo.

También veo a mis amigas y otras mamás haciéndolo todo y haciéndolo bien. Sé que tú también lo ves. Si ellos pueden manejarlo y si nuestras madres lo hicieron tan bien, por qué yo no. No lo sé.

Quizás nuestros amigos estén actuando en público y sufriendo en silencio. Quizás nuestras madres sufrieron durante años en silencio y ahora no recuerdan lo duro que fue. No estoy capacitada para este trabajo y por mucho que me estremezca al pensarlo, voy a decirlo: necesito más ayuda.

En parte me siento fracasada por pedirlo. Quiero decir, tú ayudas. Eres un padre increíble y haces un gran trabajo con los niños. Y además, esto debería ser fácil para mí, ¿verdad? Pero soy humana y vivo con cinco horas de sueño, muy cansada. Te necesito.

Por las mañanas necesito que prepares al mayor para que yo pueda cuidar al bebé, preparar la comida para todos y tomar mi café. Y no, preparar al mayor no es ponerle delante de la tele. Supone asegurarse de que utiliza el orinal, de que desayuna, preguntarle si quiere agua y preparar su mochila para el colegio.

Por la noche necesito una hora en la cama sabiendo que el mayor está dormido y que tú estás cuidando al bebé. Sé lo difícil que es escucharle llorar, pero si yo puedo vigilar y tranquilizar al bebé durante la mayor parte del día, tú puedes hacerlo un par de horas por la noche.

Los fines de semana necesito más descanso y momentos en los que pueda salir de casa sola y sentirme un individuo, aunque solo sea un paseo por el barrio o hacer la compra.

Soy consciente de que no es como nuestros padres lo hicieron y odio decirlo. Ojalá pudiera hacerlo todo y que parezca que no me cuesta. Ojalá no necesitase reconocimiento por hacer cosas que la mayoría piensa que tiene que hacer una madre. Pero estoy admitiendo que soy humana y te estoy contando que te necesito y que si sigo a este ritmo me voy a romper. Y eso haría daño a nuestra familia.

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