CINCO VECES MÁS BARATA QUE LA MEDITERRÁNEA

Noruega congela las esperanzas de los refugiados por la 'ruta ártica'

El Gobierno noruego ha anunciado que modificará las leyes de extranjería para agilizar la expulsión de refugiados llegados desde Rusia, que se ha disparado en los últimos meses. La nueva ley, que será tramitada de urgencia y podría entrar en vigor la próxima semana, permitirá detener en la frontera a quienes hayan estado registrados en Rusia, que serán devueltos a ese país de forma inmediata sin admitir sus solicitudes de asilo.

La 'ruta ártica', utilizada por miles de refugiados sirios, iraquíes y afganos para cruzar la frontera con Noruega, peligra tras la decisión de las autoridades escandinavas de deportar a los que tengan visado ruso, que son la mayoría. La decisión del Gobierno noruego de rechazar sus peticiones de asilo es un jarro de agua fría para los inmigrantes que utilizan desde el verano esa ruta, hasta cinco veces más barata que la mediterránea.

Desde finales de octubre entre cien y doscientos refugiados cruzan diariamente la frontera entre Rusia y Noruega en el Círculo Polar Ártico, donde las temperaturas ya alcanzan a estas alturas del año los 10 grados bajo cero y las nevadas son copiosas. El momento más álgido fue el pasado 4 de noviembre, fiesta nacional en Rusia, cuando 196 refugiados cruzaron exitosamente la frontera ruso-noruega. Según las estadísticas oficiales, más de 4.000 personas procedentes de Oriente Medio han cruzado en los últimos meses por algún punto de los casi 200 kilómetros de frontera terrestre entre ambos países.

Un damasceno debe pagar unos 2.500 dólares de media para viajar desde la capital siria al noroeste de Rusia con parada y posta en el Líbano, el único lugar de tránsito seguro, ya que Turquía está descartada por motivos de seguridad. En cambio, el coste de la ruta que lleva a las cálidas Grecia o Italia -mucho más peligrosa, ya que supone jugarse la vida en las traicioneras aguas del Mediterráneo- asciende a unos 12.000 dólares.

Una vez en territorio ruso, los refugiados obtienen un visado de turista o de estudiante, por lo que pueden desplazarse legalmente en tren hasta la región de Murmansk, limítrofe con Noruega, y permanecer días o semanas en este país. En la localidad de Níkel, de apenas 10.000 habitantes, trasnochan, tras lo que pueden dirigirse al puesto fronterizo más cercano, el que une las localidades rusa de Borisoglebsk y noruega de Storskug.

Como los guardias fronterizos rusos impiden desplazarse a pie por los cinco kilómetros de territorio que separan el puesto ruso de territorio noruego, los refugiados deben hacerlo sobre dos ruedas. Y es que las autoridades noruegas acusan de tráfico de personas a aquellos que ayuden a los refugiados a cruzar la frontera en sus coches. Esto se ha convertido en un negocio para la población local, que cobra 150 dólares por bicicleta, y una gesta para muchos árabes y afganos poco acostumbrados a pedalear sobre la nieve, a lo que se suma el viento gélido. En ocasiones, tras largas horas de espera, algunos deben darse media vuelta y regresar, por supuesto en bicicleta, al día siguiente, pero los más afortunados logran cruzar la frontera y nada más pisar territorio noruego solicitan asilo político.

Una media de medio millar de refugiados viven permanentemente desde el verano en localidades fronterizas rusas -ya sea en hoteles, apartamentos o en casas en mal estado-, donde han tomado literalmente los cafés, tiendas y restaurantes locales. Según informa el periódico Nóvaya Gazeta, en ocasiones las autoridades locales cayeron en la tentación de extorsionar a los refugiados, que debían pagar un mínimo de 500 dólares para poder cruzar la frontera. Cuando el escándalo llegó a la prensa y ante la amenaza de que el Kremlin tomara cartas en el asunto, los inmigrantes no volvieron a tener problemas para llegar al vecino país, la tierra prometida para muchos.

En declaraciones a la prensa, algunos narraron cómo los agentes del Servicio Federal de Seguridad (FSB, antiguo KGB), encargado de custodiar las fronteras, hicieron la vista gorda cuando supieron que querían solicitar asilo en Noruega. En las últimas semanas la 'ruta ártica' ha perdido cierto interés entre los sirios, que viajaban con familias enteras, pero no ocurre lo mismo con los afganos, que representan más de la mitad del total, y además ahora llegan inmigrantes de Asia y África, en su mayoría hombres jóvenes.

Sea como sea, sus planes peligran, ya que el Gobierno noruego anunció que devolverá de inmediato a Rusia a todos los solicitantes de asilo que hayan tenido estancia legal en este país, sea con visado, permiso de residencia o doble nacionalidad. Además, endurecerá los requisitos para conceder asilo y permitir la reunificación familiar, y la única excepción serán aquellos que dispongan de un visado Schengen, lo que es harto difícil de encontrar entre los refugiados que eligen esta maratoniana ruta.

Oslo ha pedido a Moscú explicaciones oficiales, ya que de una veintena de refugiados anuales se ha pasado a varios miles, pero no cerrará la frontera. Por su parte, Moscú mantiene que sus guardias fronterizos no pueden obligar a los extranjeros a mostrarles sus visados de entrada en Noruega, ya que su estancia en Rusia es absolutamente legal. Curiosamente, ascienden sólo a 29 los refugiados, en su mayoría sirios, apresados en Rusia por intentar cruzar ilegalmente la frontera con Noruega y Finlandia.

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