¿QUÉ OCURRIRÁ AHORA?

Los turcos afrontan con incertidumbre el futuro del país tras el golpe de Estado

Aún no se sabe quién estuvo detrás de la intentona golpista, y muchos teman que Erdogan lo utilice para usar los mecanismos del Estado indiscrimanadamente en beneficio propio.

Aunque prácticamente toda la sociedad turca está aliviada de que el intento de golpe de Estado no acabara con la democracia en Turquía, muchos se preguntan ahora cómo evolucionará el país en medio de una inédita ola de detenciones y destituciones de supuestos golpistas.

El principal objetivo de la purga que se está llevando a cabo en el Ejército y en el sistema judicial del país son los seguidores de predicador conservador Fethullah Gülen.

El Gobierno y la Justicia coinciden en que la llamada "organización terrorista de Fethullah Gülen" (FETÖ) es la principal responsable del violento levantamiento militar que ha causado, en menos de 20 horas, al menos 290 muertos y más de 1.400 heridos.

En todo caso, poco o nada se sabe, hasta ahora, de los verdaderos protagonistas al frente de una misteriosa junta que se identificó como "Consejo de Paz en Casa" y que llegó a proclamar que había asumido el control del Estado, llamado "traidor" al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan.

Esta vez ninguno de los golpistas dio la cara en su intento de asumir el poder.El golpe no tuvo identidad desde el inicio, lo que sugería que los golpistas no tuvieron confianza en ellos mismos. Hasta el momento, la ciudadanía sigue sin saber quién era realmente la cabeza de esa junta y quiénes sus miembros. Miles de soldados, entre ellos medios centenar de generales, fueron detenidos en las últimas 24 horas y el ministerio de Justicia aseguró hoy que habrá más detenciones todavía.

Ante los llamamientos del casi derrocado presidente, Recep Tayyip Erdogan, quien solo pudo comunicarse a través de un teléfono móvil con la ciudadanía, decenas de miles de turcos salieron a la calle para defender la democracia.

Poco después de estar claro que el levantamiento había fracasado surgieron en todo país demandas, en público, de reinstalar en Turquía la pena de muerte, abolida en 2004. Tanto Erdogan como su primer ministro, Binali Yilirim, en lugar de rechazar estas ideas radicales, señalaron varias veces que "tendrán en cuenta" los reclamos de la gente y que harán "lo que sea necesario".

Estas exigencia y los casos de agresiones de manifestantes islamistas contra supuestos golpistas y periodistas están causando preocupación entre el sector laico y crítico con el partido gobernante AKP. Un soldado golpista fue incluso degollado tras rendirse en una calle de Estambul.

La prensa y los críticos laicos en Turquía temen ahora un "jardín de rosas sin espinas" para Erdogan, con una oposición acallada e intimidada.

En las redes sociales, tan criticadas por el presidente en el pasado pero usadas esta vez por él mismo para movilizar a las masas en un intento de frenar la asonada, crecía hoy el temor a que el fracasado golpe pudiera suponer un Erdogan más fuerte e intransigente que nunca.

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