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UNIÓN EUROPEA

El fracaso del 'supercaza europeo' muestra la debilidad de la seguridad común

La falta de entendimiento entre entre las empresas Airbus, la representante alemana, y Dassault, empresa francesa, pone fin al sueño del proyecto europeo más ambicioso en el ámbito militar

Imagen de archivo de varios cazas F18Europa Press

Preocupación en Bruselas despues de que Alemania y Francia no han sido capaces de ponerse de acuerdo para activar un programa de 100.000 millones de euros en el que también participaba España a través de Indra.

El desencuentro ha venido porque Francia, país nuclear, pretendía que el avión incorporara armamento nuclear, mientras Alemania concebía el proyecto como sólo apto para armas convencionales. Esta situación desvanece el sueño europeo de desarrollar el sistema de combate aéreo y el caza de sexta generación europeo.

Así el fin del programa no responde a motivos técnicos, sino a un bloqueo político y la rivalidad corporativa. París exigía un avión adaptado a sus portaaviones y capaz de transportar su armamento de disuasión nuclear. Berlín, que carece de estas necesidades, priorizaba un caza convencional, rápido e integrado en red, pero Francia se negó tajantemente a compartir el control exclusivo de las tecnologías vinculadas a su arsenal atómico, impidiendo un consenso industrial equitativo.

El anuncio, realizado por el canciller alemán Friedrich Merz y el presidente francés Emmanuel Macron, deja en el aire la autonomía estratégica de la Unión Europea y sume en la incertidumbre los planes de renovación militar de los países participantes. Para el primer ministro belga la razón detrás de este fracaso es "la arrogancia".

Objetivo: sustituir a partir de 2040 los Eurofighter y Rafale

España participaba en el proyecto desde 2019 con un tercio del presupuesto total y ya había comprometido e invertido más de 2.000 millones de euros. Empresas nacionales de referencia como Indra, ITP Aero y Sener lideraban varios de los pilares tecnológicos del programa.

El colapso de este caza expone una profunda fractura en los planes de defensa comunitarios y certifica que la creación de un ejército o industria militar 100% cohesionada en Europa continúa en vía muerta.

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