ORMUZ
El restablecimiento de bases de misiles iraníes, unido a la incertidumbre energética, está provocando retrasos industriales, encarecimiento logístico y, al mismo tiempo, preocupación inmobiliaria en Asia, Europa y Oceanía.
La inestabilidad en torno al estrecho de Ormuz vuelve a colocar a Irán en el centro de la atención internacional. Esta vez, Teherán ha recuperado el acceso operativo a 30 de las 33 bases de misiles que están distribuidas a lo largo de la zona marítima. Un movimiento que puede ser peligroso para los barcos estadounidenses que atraviesan uno de los corredores energéticos más importantes del planeta.
Los informes señalan que el régimen iraní mantiene desplegado cerca del 70% de sus lanzadores móviles y que conserva una proporción parecida de su arsenal previo al conflicto. La capacidad ofensiva y el control geográfico ha despertado preocupación entre gobiernos y mercados internacionales, especialmente por la posibilidad de interrupciones prolongadas en el transporte de petróleo y gas natural.
El impacto también se nota ya en el sector de la construcción. El cierre parcial del estrecho de Ormuz ha alterado cadenas de suministro esenciales para la fabricación y distribución de materiales derivados del petróleo, entre ellos pinturas, plásticos y aislantes térmicos. A esto se suma el encarecimiento energético, que afecta a la producción de acero, hormigón, cemento, cerámica y ladrillos.
En Japón, varias compañías constructoras han comenzado a retrasar obras debido a la incertidumbre sobre las entregas. El presidente de la firma Maeda Housing, Masatomi Maeda, ha explicado que aproximadamente una cuarta parte de sus proyectos han quedado paralizados durante el último mes por problemas logísticos y falta de confirmación de suministros básicos.
La situación también golpea a otras economías. En India, algunas de las mayores promotoras inmobiliarias han reconocido dificultades para mantener el ritmo previsto de las nuevas edificaciones. Mientras tanto, Australia teme que la crisis afecte el ambicioso objetivo gubernamental de construir 1,2 millones de viviendas antes de 2029.
Europa tampoco se escapa de las consecuencias. El índice británico de gerentes de compras del sector constructor ha registrado su caída más pronunciada en cinco meses. Los costes de los recursos crecen al ritmo más acelerado en tres décadas, sin contar la época de la pandemia. Los analistas advierten que, si continúa la tensión en Ormuz, el deterioro económico podría extenderse hacia otros sectores industriales durante los próximos meses.
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