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El cuello de botella del petróleo en Ormuz que puede golpear tu bolsillo: "La gasolina y la cesta de la compra subirán"

El paso estratégico concentra gran parte del suministro energético y su bloqueo impacta en gasolina, transporte y consumo diario.

El estrecho de Ormuz se mantiene en el centro de la actualidad internacional en un contexto de tensión que afecta al flujo energético global. La situación ha llevado a la Unión Europea a reclamar su reapertura inmediata, mientras el tránsito marítimo sufre alteraciones que ya se trasladan al mercado del petróleo.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha advertido de la gravedad del momento y ha exigido el fin de las acciones que limitan el paso de buques. "Irán debe cesar de inmediato sus amenazas, el minado, los ataques con drones y misiles, y otros intentos de bloquear el estrecho al transporte marítimo comercial", señaló en una comparecencia junto al primer ministro australiano, Anthony Albanese.

En paralelo, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha pedido preservar estos enclaves energéticos y ha advertido de que la escalada puede derivar en una crisis prolongada. "Nos encontramos en un punto de inflexión global", afirmó en un mensaje público.

Aproximadamente una quinta parte del comercio mundial de hidrocarburos atraviesa este paso, lo que convierte cualquier interrupción en un factor directo de presión sobre los precios.

Menos oferta, más precio

El economista Raymond Torres explica que el impacto responde a un mecanismo básico del mercado. Cuando el tránsito se reduce, también lo hace la oferta disponible de petróleo, mientras la demanda apenas se modifica al tratarse de un recurso necesario para el funcionamiento económico: "Realmente son productos imprescindibles para que funcione la economía y las sociedades".

En ese contexto, el precio del barril ha pasado de niveles cercanos a 70 dólares a situarse en torno a los 100. Torres advierte de que este escenario puede ser solo una fase inicial: "Potencialmente es mucho peor de lo que estamos viendo", señala, al tiempo que apunta a la posibilidad de que el encarecimiento continúe si el conflicto se prolonga.

El experto subraya que el mercado actual descuenta una crisis limitada, pero alerta de que una intensificación de las hostilidades podría afectar a la capacidad de producción. "Podríamos llegar según algunos escenarios hasta 150 dólares, más del doble de lo que teníamos antes del conflicto", afirma.

Ese aumento tendría consecuencias directas en el consumo. Según sus estimaciones, los precios actuales ya podrían traducirse en un incremento de entre 30 y 40 céntimos por litro en carburantes.

Del surtidor a la cesta de la compra

El primer impacto se percibe en el repostaje, tanto para particulares como para transporte profesional. Torres señala que el encarecimiento del combustible se traslada a toda la cadena logística, desde el transporte de mercancías hasta la distribución final. "La gasolina, los insumos agrícolas, los costes de la cesta de la compra y la pérdida de poder adquisitivo para los consumidores podría ser muy significativo", explica Torres.

Este efecto en cascada alcanza a productos de uso cotidiano. Desde alimentos hasta bienes de consumo dependen de sistemas de transporte que funcionan con carburantes, lo que termina reflejándose en los precios finales.

El economista describe esta situación como una carga externa: "Esto es como un impuesto con los imponen desde el exterior que tenemos que asumir ese impuesto". En ese sentido, apunta a una pérdida de poder adquisitivo que puede intensificarse si el precio del petróleo continúa al alza.

Además, el estrecho no solo canaliza petróleo. Por él circulan fertilizantes, aluminio y otros recursos que influyen en sectores industriales y agrícolas, lo que amplía el impacto más allá de la energía.

Cambios en los hábitos

Ante este escenario, Torres plantea medidas a nivel individual para reducir el impacto. Entre ellas, destaca el uso del transporte público frente al vehículo privado, así como la reorganización de los desplazamientos. También apunta a la posibilidad de adaptar el consumo energético doméstico, aprovechando franjas en las que la electricidad tiene menor coste. España, indica, cuenta con una base de energías renovables que puede amortiguar parte del efecto del encarecimiento de los combustibles.

El experto insiste en que estos ajustes pueden contribuir a reducir la presión sobre el gasto familiar en un contexto de precios elevados. "Se puede intentar ajustar para evitar la repercusión completa de encarecimiento internacional a nuestro bolsillo", explica. La evolución del conflicto puede consolidar un escenario en el que el gasto energético se mantenga en niveles altos durante un periodo prolongado, lo que obliga a reorganizar prioridades dentro del presupuesto familiar.

Más allá de reducir desplazamientos, los expertos apuntan a una gestión más planificada del consumo, concentrando compras o ajustando el uso de recursos en función de los precios. Este tipo de decisiones, que en situaciones normales tienen un impacto limitado, adquieren mayor relevancia cuando el coste de la energía condiciona el conjunto de la economía.

La dependencia de rutas como Ormuz evidencia la vulnerabilidad del sistema global y anticipa que cualquier alteración en estos puntos estratégicos tiene consecuencias directas en la economía diaria y en el bolsillo de los consumidores. El encarecimiento sostenido también puede alterar decisiones a medio plazo, desde cambios en los hábitos de movilidad hasta una mayor dependencia de alternativas energéticas.

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