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GUERRA IRÁN

Así fue el rescate del segundo piloto del caza derribado en Irán, según Trump: una operación al límite para evitar su captura

Estados Unidos desplegó una complicada misión de rescate en territorio enemigo tras el derribo de un caza, marcada por una filtración que puso en riesgo al militar desaparecido.

Siete horas. Ese fue el tiempo que el copiloto del F-15 estadounidense derribado en Irán permaneció escondido, herido y rodeado de fuerzas enemigas. Siete horas en las que se jugó algo más que su vida: también el pulso estratégico entre EEUU e Irán. El derribo del avión, el primero de estas características desde el inicio de la guerra, activó de inmediato todos los protocolos de rescate en combate. Uno de los dos tripulantes fue localizado poco después, pero el otro seguía desaparecido. Y cada minuto contaba.

Según ha explicado el presidente Donald Trump en su comparecencia, se trató de "una de las operaciones más osadas de la historia". No se sabe si es una exageración, contando verdades a medias con el fin de edulcorar la realidad.

Una carrera contrarreloj tras una filtración

Un simple aparato militar es lo que le permitió a Estados Unidos a encontrar al piloto desaparecido. Una especie de radio pequeña que permite transmitir señales cifradas sin delatar la ubicación. El piloto utilizó el aparato para enviar el mensaje "Dios es bueno", haciendo saber a Washington que estaba vivo. Trump relata que el punto de inflexión llegó cuando se filtró que uno de los pilotos ya había sido localizado. Esa información, que en condiciones normales habría pasado desapercibida, cambió completamente el escenario. Trump asegura que uno de sus principales objetivos es "encontrar a quien ha sido porque es un enfermo, por seguridad nacional... esa persona irá a la cárcel". Irán reaccionó con rapidez. Intensificó la búsqueda en la zona, desplegó más efectivos e incluso llegó a ofrecer una recompensa por encontrar al militar desaparecido. De repente, la operación dejó de ser una misión de rescate para convertirse en una carrera contrarreloj.

El piloto, mientras tanto, permanecía oculto en una grieta de la montaña, evitando ser detectado: "Teníamos el reto de encontrar un grano de arena en el desierto", cuenta el director de la CIA. El tripulante estaba herido, pero consciente, con un único objetivo: aguantar hasta que llegaran. La respuesta de Estados Unidos fue inmediata. El Pentágono desplegó una operación CSAR (búsqueda y rescate en combate) con helicópteros, aviones de apoyo y dispositivos de inteligencia.

Las aeronaves volaron a muy baja cota para evitar radares, en una maniobra extremadamente arriesgada. En tierra, las fuerzas iraníes se aproximaban. En el aire, los equipos estadounidenses operaban bajo la amenaza constante de ser derribados. Hubo fuego cruzado. Momentos de máxima tensión. Y decisiones que, según fuentes militares, podían haber costado la vida a decenas de personas si algo fallaba, pero, aun así, lograron llegar.

Evitar la captura, el verdadero objetivo

El rescate no solo tenía un componente humano. Había también un objetivo estratégico claro: impedir que Irán capturara al piloto. De haber ocurrido, Teherán habría obtenido una baza clave en plena guerra. Un golpe propagandístico y militar de gran alcance en un momento especialmente delicado del conflicto.

Por eso, además del despliegue militar, Estados Unidos activó operaciones de distracción. Según apunta la CIA, se difundió información falsa para despistar a las fuerzas iraníes sobre la ubicación del piloto. Finalmente, la operación culminó con éxito. El copiloto fue rescatado y evacuado con vida, aunque gravemente herido, tras horas en territorio enemigo.

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