NUEVAS IMÁGENES
Aquel 7 de
julio participaron en el encierro; pocas horas después de consumar la presunta
agresión sexual se comportaban como si no hubiera sucedido nada. Incluso
trataron de llamar la atención de dos chicas de camino al encierro.
Para el
psiquiatra José Javier Aizpiri, se trata de “un comportamiento primario, animal”
que les lleva considerar que “nadie les va a parar, que están por encima de todo”.
Cuatro de
los cinco acusados por esa presunta violación también están acusados de otro
delito de abusos sexuales cometido pasado 1 de mayo, dentro de un vehículo en Pozoblanco, Córdoba.
La víctima
pidió ayuda a un amigo a través del teléfono,
y éste le aconsejó denunciar lo ocurrido
ante policía o la guardia civil. Algo que no hizo en ese momento. Quizás porque ni en su
propio entorno la creyeron como se refleja en una conversación con otro amigo,
al que le cuenta que le forzaron y le rajaron el vestido y que una tercera
persona no la tomó en serio, pensando que sólo era una forma de llamar la
atención. Pero había pruebas, como un moratón que la chica fotografió y guardó
en su móvil, o el vídeo que los agresores compartieron en un grupo de WhatsApp,
con más de 20 personas.
Conversaciones
que son pruebas muy valiosas para esclarecer lo ocurrido, como el video
que grabaron los agresores en el momento de los presuntos abusos y que
enviaron a un grupo de WhatsApp de más
de 20 personas.
La reacción
de los amigos fue muy decepcionante, con comentarios soeces y risas que podrían tener consecuencias legales. Se
trataría de un delito de abuso sexual pero a nivel de encubrimiento. Además, la
difusión del material, en este caso el video, podría ser un delito de intromisión
en la intimidad.
El
ayuntamiento de Pozoblanco ha abierto una investigación para saber si la joven
denunció verbalmente los abusos ante algún agente local