ELECCIONES EN BRASIL | FAVORITO EN LOS SONDEOS

Jair Bolsonaro, el nostálgico de la dictadura que quiere presidir Brasil

El candidato ultraderechista a la Presidencia de Brasil, Jair Bolsonaro (Partido Social Liberal) apela al voto de la desesperación en un país en crisis. Ha pasado las tres últimas semanas recuperándose en el hospital tras sufrir un apuñalamiento en un mitin. No ha participado en ninguno de los debates electorales y, sin embargo, parte como favorito en las encuestas.

El 6 de septiembre, a un mes de las elecciones en Brasil y en un mitin en el norte del país, un cuchillo se hundió en el abdomen del ultraderechista Jair Bolsonaro. El autor del apuñalamiento declaró a los jueces que él y millones de brasileños están amenazados por las promesas del líder del Partido Social Liberal.

"Estoy vivo de milagro", afirmó desde la cama del hospital de Sao Paulo donde se recuperaba. Aunque fuera de la campaña, su popularidad no se resiente. El discurso populista ha llevado a este excapitán del ejército, católico ferviente y políticamente incorrecto a liderar los sondeos.

A sus 63 años, padre de cinco hijos, Bolsonaro se presenta como salvador de una patria consumida por la larga crisis económica, escándalos de corrupción que han salpicado a casi todos los partidos políticos y una violencia endémica.

Se le apoda el 'Trump tropical' o el 'Le Pen brasileño'. Entre sus escandalosas salidas de tono, ha llegado a decir que la dictadura militar (1964-1985) torturó mucho pero mató poco, o que prefería ver a su hijo muerto antes que homosexual, o que "el mejor criminal es el criminal muerto".

"El mejor criminal es el criminal muerto"

Bolsonaro quiere reducir las 60.000 muertes violentas anuales dando armas al que quiera. "Mis hijos aprendieron a disparar con cinco años", dice, y añade que "el derecho a la defensa está en la Biblia". También usa la religión para defender su tradicionalismo radical sobre la familia o los derechos de las mujeres, que se manifiestan por decenas de miles contra sus tesis machistas.

Ha sido incluso condenado por decirle a una diputada de la oposición que no la violaría porque no se lo merecía. Y ha impregnado de populismo las redes sociales, con millones de seguidores en sus cuentas de Facebook o Instagram. Muchos de ellos son jóvenes, de clase media y con estudios superiores.

Se le reprocha, entre otras muchas cosas, que apenas ha presentado ideas razonables para sacar adelante la economía brasileña.

Así es la campaña que el Partido de los Trabajadores, su rival más directo, ha lanzado en redes sociales comparándole con Hitler:

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