Opinión de Vicente
Todos los presidentes de la democracia española han dejado de serlo en medio de fuertes convulsiones políticas.
El mandato de Adolfo Suárez terminó en 1981, entre el temor general a un golpe de Estado. El mandato de Calvo Sotelo terminó un año y medio después en plena autodestrucción de su partido, la UCD. El mandato de Felipe González terminó en 1996 con una sucesión agobiante de casos de corrupción. El mandato de José María Aznar terminó en 2004 con la conmoción provocada por las bombas de los trenes del 11M. El mandato de Zapatero se hundió en 2011 por las consecuencias de la terrible crisis económica que empezó tres años antes, y también con el mayor recorte de la historia. El mandato de Rajoy llegó a término en 2018 por una moción de censura-triunfante, la única triunfante hasta ahora, justificada por los escándalos del PP.
Se desconoce cuándo terminará el mandato de Pedro Sánchez, pero las circunstancias de estos dos últimos años empiezan a parecerse mucho a las del final de los mandatos anteriores. Todos los presidentes de la democracia española han dejado de serlo en medio de fuertes convulsiones políticas. Ninguno se ha librado, como si fuera una maldición.
Sánchez intenta librarse, y se niega a convocar elecciones anticipadas, aunque no dispone de mayoría parlamentaria, no tiene presupuestos desde hace tres años, y su entorno político y personal acumula causas judiciales casi cada semana.
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